Navidad en el Alto Ampurdán

OPINIÓN

03 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Quién me iba a decirme a mí que un 24 de diciembre iba a estar disfrutando de los paisajes volcánicos del Ampurdán con mis sobrinos-nietos (Joel y Guillèm), sus padres y Germán.

Bella, tranquila, familiar mañana de diciembre. El invierno estaba a presente en los sombríos, el camino cuarteado en láminas finas transparentes por los primeros hielos del invierno aún infante.

Paisajes de Olot con los blancos del Pirineo lejano invitándonos a la pureza y a los sentimientos de humanidad que simboliza y nos revive cada año la Navidad.

Siempre tuve curiosidad por esta singularidad de la geología de esta singular región, comarca, zona geológica de la geografía de La Garrocha donde el río Fluviá ejerce de espina dorsal. A sus espaldas quedan los rebeldes picos del pirineo gerundés casi con el mismo manto blanco milenario los 365 días sin echarlo a lavar.

Más cerca y en una serie articulada de valles, conos y cráteres el paisaje se estira y se esconde a capricho del exigente viajero, que llegó hasta aquí como yo en mi segunda juventud ávido de sorpresas  y atento a satisfacer cuantas expectativas mi infancia de curiosidad geográfica lleva alimentando en mi alma y en mi insaciable ansia por hollar palmo a palmo la geografía patria.

Cuando yo era niño, las autonomías y sus singularidades políticas eran puras entelequias de visionarios iluminados políticos.

Para el resto de los mortales: eran regiones articuladas en provincias, estas en comarcas preferentemente diferenciadas por ciertos accidentes geográficos: cordillera, amplias llanuras, salteados valles, cabos, costas… Caprichos todos de los movimientos tectónicos que este planeta nuestro fue padeciendo a lo largo de su vida hasta que calmó sus ímpetus, limó sus aristas y propició la vida humana.

Dónde me ha llevado Olot y su túnica volcánica. Paisaje entrañable Fayeda sabiamente de una rica flora: abetos, robles, alcornoques, espinos… Tierras ocres, arena suave con sabor a crema y frutos silvestres TODOS desde la primavera fresca y exótica hasta el verdor aún de este 24 de diciembre, invierno primaveral: árboles con hojas frescas en su caducidad.

Dónde me ha llevado mi imaginación infantil en la Esgueva de un pueblo castellano, pupitres compartidos, tinteros festoneando ambos lados, asientos abatibles, pizarrín en tablet sin pilas, encerado en la pared bajo la presencia del crucificado.

Tierras volcánicas de Olot. Fluviá, arteria azul del alto Empordá, GRACIAS por vuestra acogida en esta mañana luminosa de la Navidad.