Los diputados se siguen riendo de los españoles

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

En la era de la posverdad, hay noticias que, siendo ciertas, pasan inexplicablemente desapercibidas pese a ser mucho más escandalosas que algunas de esas flagrantes mentiras con las que, según nos asegura Obama, se puede decidir nada menos que la presidencia de Estados Unidos. Aquí en España, sin ir más lejos, suceden cosas que, si recibieran en los medios la atención que merecen, generarían una más que justificada ola de ira ciudadana contra una clase política que sigue riéndose de los españoles en su cara pese a las promesas de regeneración. Es probable que a usted, como a cualquier otro trabajador, le hayan sabido a poco los escasos días que ha tenido libres para poder celebrar las fiestas navideñas junto a sus seres queridos. Pero no será ese el caso de nuestros diputados, porque la Mesa del Congreso decidió el 27 de diciembre, por unanimidad, que sus señorías disfrutaran de 40 días seguidos de vacaciones antes de comenzar la actividad parlamentaria en el 2017.

El último pleno se celebró el pasado 21 de diciembre. Y hasta el 31 de enero el Congreso estará cerrado por vacaciones. En todo ese tiempo no habrá proyectos ni proposiciones de ley, ni sesiones de control al Gobierno. Este escándalo se produce mientras el Ejecutivo insiste en la necesidad acuciante de aprobar unos Presupuestos cuanto antes, y después de un año 2016 tirado entero a la basura en términos parlamentarios. La decisión de cerrar en enero se adopta a pesar de que en la novena legislatura los grupos acordaron que ese mes fuera hábil, en contra de lo que inexplicablemente dice la Constitución. Pero aquel anuncio se hizo solo para aplacar los ánimos de una ciudadanía que empezaba a mostrar un fuerte desapego hacia sus políticos. Pasado aquel trago, sus señorías vuelven a la holganza, aprobándola con nocturnidad y alevosía.

Pero, querido lector, si al leer esto usted ha sentido una punzada de indignación, le aconsejo que se siente, porque ese mismo 27 de diciembre la Mesa del Congreso acordó otra medida aún más indignante, si cabe. No contentos con esos 40 días de asueto navideño, los diputados decidieron que, como el fin de semana del 11 y 12 de febrero se celebran los congresos nacionales del PP y de Podemos, todos los diputados tengan también esa semana entera de vacaciones. Lo pidió el PP y se sumaron a la propuesta con alborozo Podemos y también el PSOE. Solo Ciudadanos se opuso. Esa decisión, que supone condicionar la agenda parlamentaria a los intereses particulares de los partidos, llega después de que en la Semana Santa del 2016 los diputados se concedieran también otros 20 días de vacaciones.

Sus señorías son maestros en el arte de buscar fórmulas que les permitan trabajar menos. Están a la que salta. Bastó que se planteara el debate sobre la conveniencia de reducir las jornadas laborales hasta las 18.00 horas para que los diputados se apuntaran los primeros. «Para dar ejemplo», dijeron. Si no fuera porque todo esto es una desvergüenza, sería para morirse de risa.