La «supermujer» del 8 de Marzo


El cartel premiado en el Concurso de Carteles «8 de Marzo», convocado por la concejalía de Igualdad y Juventud del Ayuntamiento de Avilés, ha levantado ampollas. Realizado por un ilustrador murciano, la imagen ha sido calificada por algunos colectivos como «machista». En ella aparece una «supermujer» maquillada, con zapatos de tacón y unas medidas acordes al canon de belleza de las modelos.

Efectivamente el cartel no parece ser el más afortunado para un día como el 8 de Marzo, en el que reivindicamos no sólo la igualdad entre hombres y mujeres sino también la diversidad de las mujeres como colectivo, lo que impide incluirlas en un único modelo. Tal vez hubiera sido más inteligente premiar un cartel que destacase esa diversidad y no quedarse con una imagen que puede ser interpretada como un reflejo del patriarcado.

Es difícil saber, no obstante, si hace más daño a la causa feminista el desafortunado cartel o la polémica creada en torno a él. En los últimos tiempos el movimiento feminista asturiano ha sido demasiadas veces noticia por casos como este, desde el polémico «Queso de mujer», obra ganadora del Certamen de Arte de L.luarca en 2015, al enorme cartel de la empresa xixonesa Cubiella, que el Instituto de la Mujer pidió retirar por considerarlo sexista.

Siempre es sano que los colectivos feministas estén vigilantes ante aquellos mensajes que pueden esconder tras de sí un discurso sexista velado. Máxime si, como en este caso, se trata de un cartel para el 8 de Marzo, cuya elaboración debería pasar unos filtros particularmente estrictos para que la imagen sea acorde al discurso feminista que la debe acompañar.

Pero a veces se corre el peligro de alimentar sin pretenderlo aquel discurso que retrata al feminismo como una policía de lo políticamente correcto, interesadamente creado por aquellos sectores machistas y reaccionarios que han popularizado conceptos como «feminazi», «hembrismo» o «ideología de género». Corremos el riesgo de que las generaciones más jóvenes no vean al feminismo como un movimiento que pretende construir una sociedad más justa, sino como un colectivo excesivamente normativo e ideologizado y ajeno a sus intereses vitales.

Pero el feminismo sigue siendo un movimiento imprescindible para transformar la realidad y cuyos objetivos son irrenunciables. Por eso es importante poner en un lado de la balanza la necesidad de denunciar aquellos discursos que perpetúan la desigualdad y en el otro la voluntad de ganarse las mentes y los corazones de las generaciones más jóvenes de mujeres y hombres a través de un movimiento que sepa ser amable y acogedor, pues son ellas y ellos quienes tienen la llave de la igualdad en el futuro. Y no siempre es fácil valorar que lado de la balanza pesa más en cada caso.

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