Trump nos ha ganado. No nos hagamos trampas

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Combatir la estupidez con estupidez suele ser la mejor manera de que los estúpidos acaben triunfando. Y, en ese sentido, las reacciones de los críticos de Donald Trump a su victoria en las elecciones y a su toma de posesión como presidente de Estados Unidos tienen un punto de histeria irracional. Algo que no solo no sirve para poner coto a la estulticia política del impresentable magnate, sino que más bien refuerza sus delirantes argumentos. No es de recibo, por ejemplo, que algunos cuestionen la legitimidad de su presidencia con argumentos tan peregrinos como el de que obtuvo menos votos que Hillary Clinton en el conjunto del país. Un razonamiento que recuerda al de quien, tras perder una fortuna jugando al póker, pretende recuperar su dinero impugnando las reglas de juego diciendo que, en realidad, es más difícil ligar full que color.

Produce también vergüenza ajena que medios supuestamente serios de todo el orbe conviertan en noticia de primera página, con despliegue de comparación fotográfica incluida, el hecho de que a la ceremonia de toma de posesión de Trump asistiera menos gente que a la de Obama. ¿Qué clase de mensaje se pretende lanzar al mundo con esa sandez? Resulta igualmente infantil, y muy peligroso desde el punto de vista democrático, que desde distintos frentes, incluido por desgracia el de la saliente administración de Obama, se difunda la ridícula tesis de que el triunfo de Trump en una nación con más de 300 millones de habitantes está directamente relacionado con la injerencia en la campaña electoral de los servicios secretos rusos. O que se pretenda convencer a alguien de que si un botarate como Trump ha llegado a la Casa Blanca es solo porque él y sus seguidores han esparcido en Facebook y en otros medios y redes sociales noticias falsas sobre Hillary Clinton. Argumentos todos ellos que implican tratar a los ciudadanos como imbéciles.

Combatir las pedestres mentiras de Trump difundiendo impunemente noticias contra él igual de falsas o faltas de comprobación alguna, como el supuesto chantaje de Putin a costa de sus presuntas depravaciones sexuales, con el objetivo de socavar su mandato antes incluso de que este arranque, no hace ningún favor a quienes consideramos que, mientras no viole las leyes de su país, a Trump, como a cualquier otro, hay que combatirlo solo con argumentos democráticos. El patético terror de los gobernantes europeos ante las consecuencias del mandato del nuevo presidente norteamericano solo demuestra su enanez política.

Para quienes detestamos el pensamiento de Trump, pero creemos firmemente en la democracia, la incapacidad que está demostrando el progresismo occidental para aceptar que hemos sido derrotados en las urnas por un patán es una mala noticia. No nos gusta Trump. Aborrecemos a Trump. Pero no todo vale contra él. En cuatro años, con suerte, Trump será un mal sueño. Pero dañar la democracia para librarnos de él antes de tiempo sería un muy mal negocio.