El peligro viene de Rusia


Parece una película de los tiempos de la guerra fría, pero lo cierto es que ningún servicio de inteligencia niega el ciberespionaje de Rusia para desestabilizar las democracias occidentales, especialmente a las europeas. Y en España, además, enredando con el independentismo para debilitarla, después de haber sido su base para desequilibrar países de Iberoamérica.

China y Rusia están consideradas como las dos naciones más activas en ciberespionaje, hasta el punto de que lo tienen encuadrado en sus respectivos Ejércitos como un arma más de su defensa y ataque, y es calificada de «colosal» por otros Estados. China se ha especializado en el robo del conocimiento industrial, penetrando en todas aquellas empresas extranjeras, públicas y privadas, cuya tecnología puede interesar a su industria civil y militar. Rusia centra su actividad en debilitar las democracias para fortalecerse como potencia mundial a la que primero haya que temer y después considerar. Lejos queda su posición tras la caída del muro y el fin de los regímenes comunistas en sus países satélites, cuando Estados Unidos y otras potencias hacían lo que querían en su «patio trasero» mientras la animaban a que mintiese a sus ciudadanos diciéndoles para consumo interno que seguía siendo respetada y temida. Ahora ha vuelto a serlo y no está dispuesta a dar un paso atrás ni pararse en barras: «Yo soy grande y me importa poco que usted se lo crea».

Ambas formas de ciberespionaje han llevado a España a poner sobre la mesa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, durante su reciente presidencia, una propuesta para que la Carta de la ONU incorpore los ataques cibernéticos de una Estado contra otro como ataques contra su seguridad, soberanía e integridad territorial.

No es baladí todo este asunto, ahora que se acercan procesos electorales en países claves de la UE, como los que se celebrarán este año en Francia, Alemania, Holanda y, presumiblemente, en Italia, y sabiendo lo que ha pasado durante el largo procedimiento de elecciones en Estados Unidos. La UE se adentra en un período de incertidumbre y turbulencias, teniendo que gestionar el brexit del Reino Unido, haciendo frente a las bravuconadas de Donald Trump alabando la salida de los ingleses, animando a otros a que sigan sus pasos, desentendiéndose de la OTAN y en sintonía con Vladimir Putin, que sigue impertérrito su estrategia.

Si inciertos son los tiempos para la UE, no menos lo son para el conjunto de la estabilidad mundial, una vez que Trump ha tomado posesión de la Casa Blanca y ocupa el despacho oval. Sus tres líneas de política exterior están marcadas: acercarse a Rusia, ponerse contra China y luchar contra el yihadismo radical sin ninguna cortapisa. Si algo temen quienes de esto saben a un lado y otro del Atlántico es que Trump y Putin acuerden provocar a China. Se nos pone la carne de gallina con solo pensar en que esto pueda acontecer.

Valora este artículo

0 votos

El peligro viene de Rusia