Rectificando


El Gobierno solo acierta cuando rectifica. Fue esta una muletilla con la que Rajoy acompañaba frecuentemente sus críticas a Zapatero. Ocurre que la política es como una veleta que gira según sopla el viento y hace que los políticos acaben siendo zaheridos por sus propios ataques a terceros. Es lo que le está sucediendo a Rajoy, obligado a tragarse sapo tras sapo en esta legislatura que es, ya desde sus inicios, la legislatura de las rectificaciones. Es el precio a pagar tanto por la minoría parlamentaria actual como por la soberbia con la que ejerció la mayoría anteriormente.

Pero es muy triste que tengan que darse estas circunstancias políticas para que el Gobierno empiece a reparar una de las mayores injusticias cometidas por los poderes públicos. Han tenido que pasar catorce años para que el Estado reconozca su responsabilidad en el accidente que costó la vida a 62 militares españoles y trece tripulantes ucranianos y bielorrusos. Demasiado tiempo para que un simple perdón pueda curar las heridas por el ignominioso trato dado a las víctimas, inmediatamente después del accidente y a lo largo de todos estos años. Bienvenidas sean las reparaciones morales y jurídicas prometidas ayer por el presidente. Pero no parece que sea suficiente para compensar el oprobio. Máxime cuando aún no ha habido la más mínima asunción de responsabilidad política. Porque la salida de Federico Trillo de la embajada en Londres por la puerta de atrás ha sido el último intento de escurrir el bulto y esconder las culpas de un Gobierno en el que Rajoy era vicepresidente. Está bien y es justo pedir perdón. Pero hacer las cosas bien, como prometió ayer, es algo más.

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