Perros de mi aldea


El sol borró de un plumazo los últimos nubarrones de la ciclogénesis de este largo fin de semana.

Yo regresaba a Oviedo desde mi casa de aldea. Y, en mi camino entre Calelles, huertas y fincas con vaquería, me saluda desde su cama de yerba un perro que me dice: «aquí estoy yo. Esto es propiedad de mi amo. Pasa de largo. No te detengas». Y, calló su saludo de guau guau más o menos altisonante.

El mensaje era claro: El perro, no sólo acompaña al anciano o a la persona que no quiere compartir su vida con otra persona, o personas que no encuentran otra alternativa a su soledad que la compañía de uno o más perros.

Este papel no admite dudas y, más en esta sociedad occidental que padece la tremenda enfermedad de la soledad.

Ya, hacia la mitad del camino desde mi vivienda a la parada del autocar- median 20 minutos- me llamó la atención un árbol florido de roja flor y la facilidad de la cámara del móvil me permitió al instante hacer partícipes a mis amigos de tan bello regalo de la mañana «primaveral».

Pocos pasos después, un canino silencioso de color negro contrastó con el sol que en esos momentos ya dominaba la campiña en apabullante resplandor. Se puso a mi lado. Lamió primero mis zaparos. Jugó, luego, con los bajos de mi pantalón. Y, cuando ya me tenía reconocido, me dijo adiós con su silencio y, yo dejé libre mi pensamiento que divagara entre perros y metáforas de la vida real: del mundo del trabajo, de la empresa, de las relaciones sociales. De la propia existencia.

¿Quién levanta la voz defendiendo sus derechos pisoteados, como este perro que entre la yerba, exquisito manjar de las vacas, defendía a su amo y a su hacienda?

¿Quién con la pluma del reportero eleva su denuncia ante las altas instancias de las instituciones nacionales o internacionales para poner freno a las luchas, las injusticias, las barreras, las reyertas, las pateras, las guerras que día sí y noche también tachonan con dardos encendidos y roncos golpes, las noches de bélicas tormentas en cualquier región del mundo en conflicto permanente? ¿Quién se adentrará en la cita para suprimir fronteras culturales, étnicas o económicas en un mundo marcado por la desigualdad? Porque en ella, las potencias concentran sus intereses o siguen manteniendo la contienda para seguir “disfrutando” de beneficios sin freno ni piedad.

No me cave duda que el perro de mi aldea, era cual perros humanos que denuncian tanta injusticia y tantas guerras. Pero unos y otros, son «una voz que clama en el desierto».

Perros de mi aldea, plumas sin eco en los media, miles y miles de personas comprometidas en tantísimos lugares del mundo avivad vuestro fuego. Que su llama mantenga la denuncia y llegue la esperanza a todas las personas sumidas en la miseria y el desamparo. A pueblos cuyo horizonte está cubierto de densas nieblas.

Perros que defendéis la vida, la soledad, la hacienda de vuestros amos, seguid cumpliendo vuestra misión de segundo plano; pero que sois testigos de entrega, ejemplo a seguir por otros que tiene poder en lo alto, por otros que no tienen vergüenza en su ser.

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