Contrastes


Podemos contraprogramó al PP convocando su asamblea para que sirviera de contraste con el congreso popular. Todo un éxito. Lo malo es que a menudo se muere de éxito. Ambos cónclaves han sido un fiel retrato de cada formación. Pero una fotografía con demasiadas zonas negras y más coincidencias de las que a cada uno de ellos les gustaría reconocer. Los caminos han sido muy diferentes, sí, pero han acabado en el mismo lugar: el sometimiento al líder. Digan lo que digan unos y otros, en ningún caso ha habido un debate real de ideas, sino una simulación en forma de espectáculo para excitar los ánimos y entronizar a quienes todos sabían. Pero sí, las apariencias difieren. Las del PP, fiel reflejo de un partido hermético, férreamente controlado desde las alturas; las de Podemos, una algarabía asamblearia que rinde pleitesía al caudillo. Rajoy impone su voluntad desde los despachos bajo amenaza de despedir al díscolo. Iglesias lo hace desde el chantaje emocional, amenazando con irse y dejar huérfanos a sus fieles.

Laminada la disidencia interna, Rajoy e Iglesias tratan ahora de eliminar el único obstáculo que ya les impide mirarse directamente a los ojos, el PSOE. Pero en esa estrategia de vaciar el espacio intermedio, quien sale claramente beneficiado es el líder de los populares. La radicalización de Podemos impulsada por Iglesias le ha dado claros réditos internos, pero tendrá desastrosas consecuencias electorales. Ya advirtió Errejón que el triunfo de Iglesias apuntalaría a Rajoy. Así que el líder del PP ha ganado dos congresos este fin de semana. Y se frota las manos. Tanto que ya hasta amenaza con elecciones.

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