¿Por qué fracasó Errejón? Anatomía de una campaña fallida


Nunca sabremos cómo estaban las fuerzas entre Errejón e Iglesias antes de la campaña por Vistalegre 2. Cuando el universo a analizar (los inscritos que votan en Podemos) es de 150.000 personas y no se dispone de un censo que nos permita llegar a él, realizar una encuesta es prácticamente imposible sin un presupuesto astronómico. Así, lo más parecido a un indicador sobre el estado previo de la relación de fuerzas entre Iglesias y Errejón, es la votación sobre el sistema de elección del Consejo Ciudadano Estatal (CCE), en la que la propuesta de Iglesias se impuso por un estrechísimo margen a la de Errejón (41%-39%). Tomar estos datos como punto de partida, supondría dar por válidas una serie de consideraciones que no creo que lo sean, como por ejemplo, que la gente estaba ya votando en clave Errejón-Iglesias y no en clave de escoger, independientemente de quién lo presente, el mejor sistema de elección.

Así que, quizás el primer error de análisis de los de Errejón haya sido extrapolar ese resultado y concluir que esa y no otra era la correlación de fuerzas en el partido y que una movilización mayor del electorado les daría la victoria. Quizás fue eso lo que los empujó a no pactar con la lista de Iglesias y a persistir en mantener su candidatura al CCE separada de la del Secretario General que sí había integrado a otras personas que no eran de su cuerda como por ejemplo el Secretario de Organización Pablo Echenique.

Los inicios de campaña son decisivos y suelen marcar la tónica general. El duelo por Vistalegre 2 empezaba con una imagen que va a ser difícil que olvidemos y que tuvimos presentes durante toda la campaña: un Pablo Iglesias de cartón piedra abrazando a un Íñigo de cartón piedra como telón de fondo de un mitin del propio Íñigo mientras que Pablo Iglesias, el de carne y hueso, celebraba su propio acto a un par de paradas de metro de allí.

La imagen desde luego da para una monografía y para hacerle un estudio de semiótica desde todas las perspectivas. La primera conclusión es que es un error impropio de alguien con experiencia en dirección de campañas como es Íñigo Errejón, porque ha mirado las estadísticas, pero o las ha mirado mal o solo ha mirado una parte. Errejón sabe que la figura de Pablo Iglesias tiene más tirón que la de él y de ahí su decisión de usarla en cartón piedra para atraer el voto hacia su proyecto. El problema, al hacer esto, es que la campaña de Errejón olvida otros datos que no son nada desdeñables: no estamos en una campaña a la americana, sino en una campaña europea; no estamos ante una campaña a las generales, sino ante unas elecciones primarias. El escenario cambia sustancialmente y es que las bases de Podemos no son las bases del Partido Demócrata americano e inscribirse en Podemos, aunque es fácil y se pueda hacer por internet desde casa, no es prácticamente automático como sí lo es inscribirse en el Partido Demócrata cuando uno se inscribe como elector (sí, en EEUU hay que inscribirse voluntariamente para poder votar). Si Errejón hubiese leído las estadísticas del CIS más allá de la valoración de líderes, vería que los votantes de Podemos tienen, de media, mayor nivel intelectual y consumen más cultura que los de las demás formaciones políticas; características que suponemos igualmente elevadas (si no más aún) entre los inscritos. Estos inscritos, además, tienen ya por el simple hecho de ser inscritos un grado de politización mucho mayor que el de los votantes (ya de por sí elevado, en comparación con otras formaciones). En conclusión, cuando Íñigo Errejón coloca un Pablo Iglesias de cartón detrás de él para pedir el voto para un proyecto contrario al del Secretario General de Podemos, está dirigiéndose como si fuesen menores de edad a las bases más formadas y más cultas de cualquier partido político español: en definitiva, un error garrafal que probablemente haya sido el mayor de toda su campaña.

Pero la campaña que empezó mal, no consiguió recuperarse. Los errores se repitieron durante todo el proceso. Hubo «errores menores» como un lenguaje corporal demasiado nervioso cuando habló en televisión del Mate Pastor que inducía al espectador a no creer lo que estaba diciendo. También, el desafortunado tuit de apoyo a la archicriticada gala de los Goya no ayudó. Tampoco ayudaron las imágenes en redes sociales que asociaban la mujer a unos guantes de fregar haciendo la V de victoria ? símbolo errejonista ? desafortunada manera de identificar la lucha feminista pero, hemos de suponer, con una buena intención bastante clara tras el error:(https://twitter.com/Rita_Maestre/status/830087689940578305).

Un error táctico de primer orden fue, sin embargo, la campaña de «Recupera el Morado» (https://twitter.com/ierrejon/status/828997968351080448) en la que sobre una imagen de la archifamosa berenjena de las «encuestas andorranas» aparecía la divisa «Ni PSOE ni IU»; olvidando no solo que Podemos forma parte de un mismo grupo parlamentario con IU, sino que, precisamente, uno de los grandes logros de Podemos ha sido su capacidad de articular, de una u otra manera, bajo una fórmula u otra a toda la izquierda. Un mensaje así lanza bastantes incógnitas sobre la construcción del bloque del cambio que se había emprendido durante las últimas citas electorales y que se vería, así, amenazada por una fragmentación de ese espacio. Además, poner a IU, compañeros de coalición y de luchas al mismo nivel que el PSOE que se abstuvo ante Rajoy, es cometer un error enorme.

Otro error de cálculo quizás haya sido el hecho de polarizar con Pablo Iglesias y desautorizarlo en público todo el tiempo durante la «precampaña». Desde luego, estos ataques erosionaron la figura de Pablo Iglesias, pero al hacerlo, el número 2 del partido erosionaba al mismo tiempo su propia figura como la navaja que trabaja la madera y va perdiendo, poco a poco, el filo. Esto, sumado a la enorme intensidad de la campaña errejonista en redes, pudo crear un efecto boomerang y un cierre de filas alrededor de la figura de Iglesias.

Pero quizás, además de estos numerosos errores tácticos, el causante del rotundo fracaso de Errejón sea el error estratégico sobre el que se fundamenta su «OPA hostil» al equipo de Pablo Iglesias. En primer lugar, parte de un análisis erróneo, que es el de considerar que la pérdida del millón de votos que Podemos e IU tenían por separado en Diciembre de 2015 y dejaron de tener en Junio de 2016 se debió a formalizar esa coalición y a una «radicalización» de Podemos. Lo que muestran en cambio todos los históricos de encuestas, es que, lejos de ser así, el retroceso de votos se produce durante el desgaste parlamentario de las negociaciones de la fallida investidura de Pedro Sánchez y lo que hace la coalición de UP, al unificar candidaturas, es salvar el tipo en escaños y mantener los 71 escaños que se tenían a pesar del gran retroceso en número de votos. Si una tesis se sustenta en una lectura errónea de los hechos, esta tesis es, claramente, mucho más difícil de defender y de argumentar que si no lo está. Creer que IU resta y no suma, creer que no hay que tomar la vía de la izquierda precisamente hoy que el PSOE la ha abandonado por completo al permitir por primera vez en sus 130 años de historia un gobierno del PP ha sido un error. Pretender sostener ese relato contrario a los hechos y al histórico de encuestas, ha sido una ratonera en la que Iñigo Errejón se ha metido solo y de la que no ha podido escapar.

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