Espérame en la Izquierda


Dicen que la izquierda ha muerto convertida en una reserva ideológica, encuentro de nostálgicos, inadaptados imposibles de recuperar para el sistema, entes improductivos que aún añoran transgredir el orden y transformar la realidad, sin más argumento a su favor que la lucha por la justicia social y la felicidad de las personas.

Oponer la fuerza de los sentimientos al poder de la propiedad es un conflicto tan viejo como la historia de la humanidad. Mientras los primeros invocan principios etéreos de dignidad y respeto a los derechos inherentes a todas las personas; los segundos nos atizan con el poder que les confiere sacralizar objetivos económicos, cuantificables, al servicio de los intereses de una minoría.

Es cierto que para distribuir bienes, productos y servicios, en primer lugar han de generarse, como también la realidad nos muestra que el crecimiento, por sí mismo, no satisface las demandas sociales, ni hace que caminemos hacia una armonización de intereses si la riqueza que se genera no se redistribuye de forma solidaria, destinando más a quienes menos tienen y más necesitan.

Las «contradicciones del sistema capitalista» que le abocaba a su destrucción, conforme pregonaban los clásicos, no se consuma; es la sociedad, y en mayor grado los más desprotegidos, quienes soportan los cambios de ciclo económico, hundiéndose un poco más en la desigualdad y la pobreza en los momentos de crisis; sufriendo una mutación el «modo de explotación» en los tiempos de bonanza, en los que el empleo digno es un privilegio y el consumo frenético nos hace felices, olvidándonos de deudas y especuladores; la suerte está echada, «gana la banca».

Se acata con naturalidad que la mejor teoría económica es la que carece de reglas, nada atiende a una lógica preconcebida, salvo el beneficio inmediato, las tensiones que se producen en el sistema las origina la distribución de los márgenes de ganancias que cada parte ansía poseer, quien mejor compita sobrevive.

El sistema político asentado sobre pilares democráticos, padece una crisis que lo va fagocitando a medida que asume las variables macroeconómicas como principios innegociables, pervirtiéndose el poder que se delega en los representantes políticos al ponerlo estos al servicio de las fuerzas dominantes, en vez de orientarlo a servir a los intereses generales de la sociedad, alcanzando cotas extremas de cinismo cuando achacan a la ciudadanía la desafección hacia la política.

El avance de las políticas ultraliberales, engendra movimientos neofascistas que crecen galopantes por el mundo, preñados de populismo, envueltos en el odio, la xenofobia y la violencia; crujen las costuras del sistema y quienes ostentan el poder no asumen que son ellos el origen del problema, con su insaciable egoísmo, la creciente explotación y el incremento de la desigualdad -los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres-, están marcando un horizonte que lleva a la humanidad a un punto de difícil retorno.

Las fuerzas políticas que deben representar los intereses de la izquierda se diluyen, acomodadas a asumir el gobierno y llevar a cabo políticas reparadoras, únicamente en ciclos de bonanza y crecimiento económico; carentes de valentía para encarnar la defensa de los más desprotegidos en momentos de crisis, ¡ahí, cuando más se las necesita!, se envisten de moderadas y abrazan el pragmatismo, mostrándose sumisas a las exigencias de los poderosos.

Cierto es que la izquierda, aquella que lucha con sentimiento, argumentos y razones por un mundo más libre, igual y solidario, vive malos momentos, pero ha de entender que no pueden ser las personas que padecen necesidades y sufren las injusticias quienes se acomoden a sus estrategias partidistas, sino que por el contrario ha de ser la izquierda lo que lidere de forma permanente el cambio que la mayoría de la sociedad necesita y que cada día se hace más necesario y urgente.

La izquierda no es un lugar geográfico, tampoco monopolio, ni patrimonio de ninguna fuerza política que conforme su retórica enunciando el antagonismos de clases; la izquierda, es un sentimiento colectivo de lucha por la igualdad enraizado en la sociedad, y deben ser los partidos políticos que deseen representarla, quienes muestren con hechos que están a su servicio; millones de personas, tantas como necesidades, continuamos en nuestro banco de la paciencia esperando en la izquierda.

Espérame en la Izquierda