Recuerda, Rajoy: solo eres un hombre

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

En la antigua Roma, los generales que regresaban victoriosos de alguna campaña tenían derecho a celebrar lo que se llamaba el triunfo. Un desfile militar que comenzaba en el Campo de Marte y entraba a la ciudad por la llamada Porta Triumphalis hasta llegar al Capitolio, y que servía para aclamar al conquistador. El general realizaba ese recorrido en una cuadriga acompañado de un esclavo que sostenía sobre su cabeza los laureles de la victoria. Pero ese siervo tenía otra misión, acaso más importante: susurrarle constantemente al oído al homenajeado la frase «Respice post te, hominem te esse memento». (Mira atrás y recuerda que solo eres un hombre». El objetivo era impedir que el triunfador incurriese en la soberbia y pretendiera usar su poder como un dios, ignorando las limitaciones impuestas por la ley y la costumbre. 

El congreso que acaba de celebrar el PP tuvo todas las características de la celebración de un triunfo, el de Mariano Rajoy. Ciertamente, los populares tienen motivos suficientes para aclamar a un líder que, en contra de todos los malos augurios, consiguió convertirse en presidente del Gobierno y devolver la autoestima a un PP que hace poco agonizaba. Pero se echa en falta la presencia de alguien que le susurre al oído a Rajoy ese memento mori: recuerda que eres mortal. Nadie en el PP quiere ocupar ese incómodo papel y todos se limitan a sumarse a los vítores. Esa ausencia de cualquier exigencia de humildad y autocrítica explica que Rajoy empiece a dar peligrosas muestras de soberbia. El líder del PP hace y deshace a su antojo. Se reivindica de manera personal advirtiendo implícitamente de que volverá a ser candidato; presume de haber tumbado a todos los que le hicieron frente; exige a la oposición que le apoye a cambio de nada y, contra toda lógica, no cambia a nadie en su equipo de dirección porque, según dice, lo han hecho todo bien. Como él.

Rajoy haría bien en mirar atrás y recordar que no todo se ha hecho bien, ni mucho menos. Y que si ahora mismo es presidente del Gobierno es en gran parte por la sonrisa del destino, que ha dividido a la izquierda en dos mitades incapaces de ponerse de acuerdo. La plétora de halagos le ha conducido a un exceso de confianza que, entre otras cosas, le lleva a dar por amortizados los casos de corrupción que afectan a su partido, convencido de que los ciudadanos se lo han perdonado ya todo. Ayer mismo, en unas impresentables declaraciones, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, cargó contra los fiscales que se negaron a firmar el escrito de Anticorrupción que pedía que no se investigue al presidente murciano Pedro Antonio Sánchez, del PP, y aseguró que este no debe dimitir en caso de ser imputado porque el acuerdo que los populares firmaron con Ciudadanos sobre la dimisión de cargos investigados «se presta a interpretación». El compromiso contra la corrupción parece haberle durado poco al PP. Rajoy haría bien en mirar atrás y recordar que solo es un hombre. Y que la confianza de los ciudadanos tendrá que ganársela día a día. Memento mori.