No jueguen con los fiscales


Algo inquietante está pasando con los fiscales. Todos los días hay alguna noticia de las presiones que soportan. En consecuencia, se produce un deterioro de su figura y de su trabajo, fundamental para que haya y se haga justicia en este país. Es fácil poner fecha al comienzo de ese deterioro: ha sido cuando se celebró el falso referendo catalán del 9 de noviembre del 2014. Como se sabe, los fiscales de Cataluña no vieron delito en aquella farsa. Ni por montar algo contrario a la Constitución ni por desobedecer al Tribunal Constitucional. Tuvo que ser su jefe máximo, el fiscal general del Estado, quien dio la orden de actuar contra los responsables, que ahora están a la espera de sentencia.

Después vino la instrucción y el juicio del caso Nóos, y también sabemos lo que ocurrió: el fiscal se empleó con todas sus fuerzas en defender la inocencia de la infanta Cristina. Lo hizo con duros escritos al juez instructor José Castro y ante las tres juezas que formaban el tribunal. La sentencia le dio la razón judicial, pero la opinión pública, que entiende que el fiscal es siempre la acusación, vio a Horrach como defensor de la infanta. Ese fue uno de los motivos de que tanta gente piense que la Justicia no es imparcial y que distingue entre poderosos y pobres gentes que están en la cárcel por robar unos euros.

Ahora tenemos el caso que comentamos ayer del presidente de la región de Murcia. El fiscal general del Estado, don José Manuel Maza, entendió que no había que acusarlo, con lo cual favorecía a un dirigente del Partido Popular. Esto no es un rumor; lo dijo el propio señor Maza con una sinceridad que le honra. Y no se acaban ahí las intervenciones superiores: también se habla de que hubo instrucciones de Madrid para no actuar contra el presidente de La Rioja -también del PP- por la construcción de un chalé en un terreno no edificable.

Por último, se anuncia un torrente de hasta treinta relevos de fiscales, que van desde la Audiencia Nacional hasta varias provincias. Cambiar una treintena de fiscales revela una fuerte voluntad de renovación por parte de José Manuel Maza; pero, después de lo visto, muchos ciudadanos sospechan que hay algo más que renovación. Se ha llegado a hablar de «purga» de fiscales díscolos o poco simpatizantes con el partido gobernante. Cuidado, señor Maza, fiscal general. Es usted un hombre que merece más que respeto por su talla jurídica. Pero, como sabe mejor que nadie, si se extienden esas sospechas, se enciende una cerilla en un bidón de pólvora. Si la sociedad empieza a pensar que el ministerio público responde a intereses de partido, la desconfianza será absoluta. Y no es desconfianza en unas personas. Es desconfianza institucional.

No jueguen con los fiscales