¡Bienvenido, Cervantes!


Suprimido por José María Aznar el servicio militar en el 2001 (después de 165 años), tras las conversaciones en la intimidad con Jordi Pujol para solucionar de un plumazo el problema de los insumisos independentistas catalanes que alentaba bajo cuerda el honorable; transferida la educación a las autonomías, arrumbada la alta inspección del Estado en esa materia, y con una facultad por provincia, ha sido cuestión de tiempo recoger en España una abundante cosecha secesionista.

Por eso y porque nunca es tarde, sea bienvenida la idea de crear un programa Cervantes para que los alumnos de entre 14 y 18 años hagan un curso académico en otra ciudad distinta a la suya. Lo anunció la ministra Dolors Montserrat, una catalana cuya labor vertebradora nos dará más de una alegría.

Si hay dinero y colaboración para implantar el Cervantes, será tan fructífero para España como el Erasmus para la Unión Europea, que desde su creación en 1987 ha producido más europeístas que la mayoría de las directivas comunitarias. Ideado por la asociación estudiantil AEGEE Europe y promovido y apadrinado por el comisario español Manuel Marín, Erasmus ha fortalecido la dimensión europea de la enseñanza superior, fomentado la cooperación transnacional entre universidades, estimulado la movilidad en Europa y mejorado la transparencia y el pleno reconocimiento académico de los estudios en toda la Unión. Su actual lema lo dice todo: «Cambiando vidas, abriendo mentes».

Es lo que cabe esperar del Cervantes para «favorecer que los menores vivan nuevas experiencias y conozcan culturas de otras regiones españolas», dijo Montserrat en su intervención ante la Comisión de Sanidad y Servicios Sociales del Congreso.

El Cervantes viene a ser como la fórmula Pujol contra el independentismo (La Voz de Galicia, 26-11-2015). Su creación y dotación económica será ardua y a buen seguro su implantación se verá obstaculizada por los independentistas, pero no nos deben arredrar ni las zancadillas ni los exabruptos porque sus resultados, como el DNI en todos los idiomas españoles, servirán también para coser las costuras de nuestros desgarros.

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