¿Presupuestos, para qué?


En muchas manifestaciones organizadas por el PCE en los estertores del franquismo, reguladas por el partido con un servicio de orden propio para evitar desmanes, los grupúsculos extremistas solían expresar su rechazo al grito de «¿Policía, para qué? Ya tenemos al pecé». Remedo ahora el pareado para denunciar una escandalosa negligencia del Gobierno y de la oposición: «¿Presupuestos, para qué? Ya tenemos al pepé». 

Escandaloso me parece que, cuatro meses después de la investidura de Rajoy, el Gobierno ni siquiera haya presentado un borrador de Presupuestos del Estado para este año. Escandaloso me parece que el retraso sea fruto de una decisión de Rajoy, adoptada con premeditación y alevosía, a la espera de que el PSOE acabe de deshojar la margarita allá por junio: si gana Susana, quizá haya Presupuesto minutos antes de que expire el ejercicio; si gana Pedro Sánchez, quizá no haya Presupuesto pero sí elecciones. Y, mientras tanto, la casa sin barrer, las cuentas desfasadas, el gasto público encorsetado, miles de opositores sin oposición y el país sumido en la interinidad desde el 2015.

¿Pero no habíamos quedado en que la rendición incondicional del PSOE y las cien medidas acordadas con Ciudadanos suponían un ejercicio de responsabilidad a tres bandas que nos devolvería la estabilidad perdida? ¿En qué se distingue un Gobierno en funciones de un Gobierno sin pólvora presupuestaria? En nada. Por esta vez, y sin que sirva de precedente, comparto de pe a pa esta reflexión de Cristóbal Montoro: «Si no tuviéramos unos Presupuestos actualizados, cuesta entender qué clase de legislatura ni a qué clase de estabilidad política estaríamos refiriéndonos». Chapó, ministro.

Pero no culpemos del escandaloso retraso, más dañino para el bolsillo de los españoles que Bárcenas o Urdangarin, únicamente al PP. También la oposición es cómplice por hache o por be. Todos necesitan tiempo para quitarse las legañas y levantarse. Imaginemos el PSOE: si mañana se presenta Rajoy con el proyecto de Presupuestos bajo el brazo, a la gestora socialista le da un síncope. Si esta apoya el texto, solivianta a las bases y Pedro Sánchez desembarca en Ferraz en canoa. Si lo rechaza, Rajoy convoca elecciones y los socialistas muerden la lona. Solo les queda, pues, arrodillarse y rogarle al presidente que aplace el Presupuesto. Después, si todo va bien, ya le devolverán el favor.

Imaginemos a Ciudadanos: tragarán cuanta alfalfa les echen si Rajoy amaga con el adelanto electoral. Ya están rumiando, sin rechistar, el incumplimiento de los compromisos pactados que iban a ser puestos en marcha en tres meses: limitación de los mandatos presidenciales, supresión de aforados, comisión de investigación de las finanzas del PP, nueva ley electoral, separación de los cargos imputados... Si ni siquiera les entregan la cabeza del presidente murciano, ¿van a montar un follón por quítame unos meses de Presupuestos?

De lo que resulta que el retraso presupuestario es, paradójicamente, un escándalo silenciado al grito de «¿Presupuestos, para qué? Ya tenemos al pepé».

¿Presupuestos, para qué?