La procesión de san Francesc


Francesc Homs i Molist, 48 años y natural de Vich, fue ayer el santo de la procesión. Se reunió con sus fieles en la plaza del Rey de Madrid para procesionar hasta el Tribunal Supremo y esos fieles lo llevaron en andas por unas cuantas calles de la ciudad. Solo les faltó un pregonero delante que fuese anunciando el paso del cortejo: «Aquí tenéis, madrileños, a san Francesc de Vich, que va a sufrir martirio por culpa de vuestro colonialismo». A los procesados del procès les salen muy bien estas ceremonias, que tienen ya muy ensayadas. Y hay que reconocer su imaginación: ante el Tribunal Superior de Cataluña ponen alcaldes con sus varas. Para ir al Supremo vino alguien con un remolque, y en el remolque puso una urna. Y saben intercambiar papeles: cuando Artur Mas no va en la peana, va de feligrés. Y cuando Homs no va de santo, sabe ponerse también entre la feligresía. Depende del lugar de celebración.

Y así llegaron al Tribunal Supremo, ante cuya fachada cantaron Els segadors. Cantar Els segadors delante del alto tribunal pertenece ya a la épica del nuevo soberanismo. Supongo que habrán repartido vídeos entre la clientela para demostrar su heroísmo aunque, mecachis, no hubo un guardia que se lo impidiera. Ahí faltaba un guardia o un letrero de esos que había antes en algunos bares: «Prohibido cantar». Si hubiera un guardia o ese cartel, la hazaña sería completa y podrían incorporar a su plan de desconexión un agravio más: «España no nos deja votar ni cantar».

Terminado el himno, Francesc Homs hizo su emocionada declaración. Donde todos creíamos haber visto un claro acto de desobediencia, solo hubo una clamorosa indefinición del Constitucional: «No había forma humana -dijo el mártir- de saber cuál era el alcance de su providencia». Se supone que consultaron a intérpretes, adivinos y otros asesores y nadie supo traducir al tribunal. Por si acaso, Homs y sus cómplices se dijeron algo así como «oye tú, que lo mismo nos prohíben el referendo», y, ante sospecha tan humana, mostraron la mejor de sus intenciones: «Suspendimos la consulta e hicimos un proceso participativo». La cosa era la misma, la pregunta era la misma y el recuento era idéntico, pero se llamaba proceso participativo. Y el Constitucional es tan poco sensible ante la cuestión catalana, que sigue sin entenderlo 28 meses después.

Así que queda claro lo ocurrido: «Intentamos no cometer ningún delito», dijo el inocentísimo Homs. Se conoce que se les fue la mano. Y los culpables, los demás: el Constitucional, porque «no había forma humana» de saber lo que decía; el Gobierno, porque no intervino; la Fiscalía, porque tampoco hizo nada. Le faltó echar la culpa a la ausencia de la Guardia Civil, pero todo se andará.

La procesión de san Francesc