¿Es el enemigo? Que se ponga


¿Oiga? ¿Es el enemigo? ¿Ustedes podrían parar la guerra un momento? Digo que si podían parar la guerra un momento. ¿Qué guerra va a ser? Es que se nos ha atrancado el cañón, que se le quedó al sargento la cabeza atascada. Y además es que tengo que preparar un nuevo presupuesto, que Obama se lo gastó todo en Sanidad para negros e hispanos y solo tenemos medio billón de dólares para matarlos a ustedes. Estuve contando las balas que quedan y no hay para tantos, que son ustedes seis mil millones, sin contar a los chinos, que si contamos a los chinos nos salen una barbaridad. Así no hay forma de ganar una guerra. 

Por eso le pregunto si podían parar la guerra. Sí, hasta el domingo. Por la tarde, para después del fútbol. Es que estuve haciendo memoria de cuando yo estudiaba el COU, no sé si sabe usted, y entonces ganábamos todas las guerras. Venía el profesor por la mañana y nos decía: ¿sabéis que guerra hemos ganado esta noche? Y siempre habíamos ganado alguna. El Pentágono está lleno de trofeos de las guerras que hemos ganado. No hemos dejado un enemigo vivo. Pero después vinieron los demócratas, que ya se sabe que son unos blandos, y vinieron los Bush, que se equivocaron de enemigo, y no ganamos ni una. Nos las dan todas en el mismo carrillo.

Y no es que yo sea un nostálgico, pero soy el presidente de los Estados Unidos y quiero recuperar la grandeza de ganar todas las guerras. Necesito hasta el domingo, después del partido del Deportivo, a ver si Pepe Mel lo arregla, y después volvemos a los cazas y a los misiles. No sabe usted lo bien que nos viene una guerra. Habrá que construir aviones y fragatas, y los construirán obreros norteamericanos. Habrá que fabricar bombas nuevas, que las que tenemos están hechas un asco por falta de uso. Habrá que rearmar al ejército con bombas nucleares, que los soldados y los marines se aburren de utilizar las de siempre. Los tanques es que se nos están oxidando, parecen españoles. ¿Y los cañones? Algunos ya no tienen ni agujero.

Así que dennos hasta el domingo, después del Deportivo, tampoco hace falta más, para convencer al Congreso y ya verán cómo los americanos hacemos la guerra de verdad; una guerra como las de antes. Un millón de personas bombardeadas no es mucho, pero ayudan a reducir las cifras del paro y alivian los problemas del hambre, de la inmigración y de las pensiones. Dos millones casi los resuelven. ¿Qué más da que mueran en el frente que en la frontera de México? En el frente matamos mucho mejor y más rápido. Diez o doce mil ciudades destruidas por los obuses parecen muchas, pero animan el negocio de la construcción. Bueno, enemigo, es lo que les tengo que pedir. Muchas gracias y a matar.

Firmado: Gila Trump.

¿Es el enemigo? Que se ponga