Carmena y Venezuela

OPINIÓN

04 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Uno de los aspectos más cuestionables de la tradición de izquierdas ha sido y es la necesidad de buscar referentes políticos gubernamentales. La dialéctica amigo / enemigo sigue presente en buena parte de quienes nos reconocemos dentro de esa tradición y tendemos a embellecer a aquellos que consideramos de nuestro lado y a considerar que aquellos otros que tenemos enfrente son la encarnación de un mal completo y sin claroscuros. 

El régimen venezolano ha ejercido ese papel de referente durante los últimos lustros y, se reconozca más o menos abiertamente, para buena parte de la izquierda más activista el chavismo ha sido un modelo en el que mirarse y al que admirar. La progresiva decadencia del régimen bolivariano, particularmente tras la muerte de Hugo Chávez y la presidencia de Nicolás Maduro, se ha unido a la estrategia de la derecha española, que trata de rentabilizar el deterioro del régimen venezolano como punta de lanza en su batalla contra el movimiento transformador que ha irrumpido en los últimos tiempos en el panorama político español. 

Pero más allá de la estrategia del gobierno conservador para deslegitimar a Podemos por la vía venezolana, mucho más allá de cualquier maniobra política, existen valores que son irrenunciables los plantee quien los plantee con intenciones más o menos honestas. La realidad nos demuestra que en Venezuela se producen violaciones de los derechos humanos, existen presos políticos y se limita de forma muy alarmante la libertad de los medios de comunicación. Cosas que en nuestro país no toleraríamos de ninguna de las maneras parecen ser asumidas al otro lado del charco por una parte de la izquierda europea, en un gesto de paternalismo y de relativismo moral que casa mal con los valores de un pensamiento crítico y progresista.