Duro revés pasado por el forro


Algún día habrá que hacer la lista de organismos públicos, es decir, pagados por todos, cuya utilidad es la siguiente: sus trabajos, si los hacen, van directamente a la papelera; si son consultivos, sus dictámenes no son vinculantes y se pasan por el forro; si son de asesoría, sus recomendaciones no son atendidas; y en muchos casos solo sirven para colocar a amigos, premiar lealtades o recompensar servicios. Ayer hemos podido constatar la existencia de uno, pomposamente llamado Consell de Garanties Estatutaries. Es, como su nombre indica, una especie de Tribunal Constitucional a escala catalana. Sus dictámenes suelen ser rigurosos, sus miembros son de gran nivel, pero pertenece al capítulo de los organismos cuyos informes se pasan por el forro si no coinciden con el pensamiento único soberanista. 

De esa forma, el Consell dijo por la mañana, y por unanimidad, que la partida presupuestaria que la Generalitat destina al referendo de autodeterminación es inconstitucional. El Gobierno catalán no puede destinar un céntimo de sus cuentas a algo que no puede celebrar. A lo máximo que pueden llegar los gobernantes de la Generalitat es a solicitar al Estado que les permita celebrar la consulta. El texto es tan diáfano, que se le podría aplicar aquello de «se puede decir más alto, pero no más claro». Así lo entendió todo el mundo; por ejemplo, el cronista de La Vanguardia Iñaki Ellacuría, que escribió: «Duro revés para la hoja de ruta independentista».

Pero hete aquí que el señor Puigdemont tenía también ayer una cita con sus otros actores de la desconexión: los alcaldes de la Asociación de Municipios Independentistas (AMI). Su sueño es provocar un movimiento municipal que reclame el referendo, promueva la independencia desde el ámbito local y sea la base popular para proclamar en cada pueblo el Estado catalán en forma de república. Un papelito del Consell de Garanties no iba a fastidiarle la fiesta ni a cortar la pasión soberanista que anidaba en el alma de los asistentes. Así que ese papel no cambió un ápice su discurso. Si estamos a setas, estamos a setas, vino a decir, pero lo dijo con estas palabras: «El Govern convocará el referendo; la partida está perfectamente avalada». Le faltó añadir: «La he avalado yo».

Así que ya puede el señor Rajoy desgañitarse con su defensa de las leyes, de la unidad de España y de la soberanía nacional. Ya pueden los tribunales inhabilitar a todos los que encabezan la desconexión. Ya pueden los juristas proclamar el principio de legalidad. La legalidad es Puigdemont. La ley es Puigdemont. Y luego dice el señor Mas que la democracia española está enferma. Sí, don Artur: la democracia española. Que Santa Lucía le conserve la vista.

Duro revés pasado por el forro