Más munición para el populismo


Mala suerte, señor Rajoy. La corrupción le sigue tendiendo trampas todos los días. Cuando no es la Gürtel, es la Púnica; cuando no es la Región de Murcia, es la comunidad de Madrid. Cuando menos lo piensa, le salta la liebre de un nuevo escándalo. Van a tener razón los que hablan de la putrefacción de su partido. Y, a efectos de opinión pública, me temo que da igual que sean hechos pasados o actuales: lo que se dice y se publica habla, genéricamente, de financiación ilegal del Partido Popular. Se dijo cuando un juez decidió reabrir el supuesto caso de la caja b tras la declaración judicial de Correa, y se vuelve a decir hoy cuando se descubren papeles que contienen -oh, sorpresa- datos contundentes de la misma financiación ilegal en la Comunidad de Madrid. Parece un hallazgo endemoniado para oscurecer el juicio del caso Palau, cuyo principal encausado confesó ayer que sí: que Ferrovial pagó comisiones a Convergència a cambio de obra pública. ¡Qué enmierde general, señores!

Feo asunto. Solo faltaba Madrid para completar un mapa cada día un poco más vergonzante. ¿Cómo no va a subir la alarma popular, como acaba de hacer visible el barómetro del CIS de este mes de marzo? Y después tenemos las explicaciones: doña Esperanza Aguirre no se preocupó de cómo se financiaba su partido, porque, según explicó, tenía a cuatro personas dedicadas a esa función; ella estaba construyendo hospitales. Recuerda al presidente de Murcia, cuando echa toda la responsabilidad a los técnicos. Recuerda vagamente a los expresidentes de Andalucía, Chaves y Griñán, que no se enteraron de los latrocinios de los ERE, que iban por otras ventanillas. Los grandes atracos al dinero público se cometieron por exceso de confianza de presidentes honestos en personas en quienes no debieron confiar.

¿Y ahora qué? ¡Más madera para los juzgados! ¡Más gasolina para el incendio! ¡Más munición para la demagogia, y con toda razón! Si por la mañana Rajoy era plausible cuando proponía en la sesión de control que se investiguen las cuentas de todos los partidos, pocos minutos después dejaba de serlo tanto, porque le estallaba en Madrid ese nuevo escándalo de financiación presumiblemente ilegal. Es cierto, y este cronista lo suscribe, que hay que investigar a todas las fuerzas políticas. Hay que desterrar ese ámbito de sospecha permanente en que se mueve la política española. Pero hay que investigar a unos más que a otros; por lo menos, con más urgencia que a otros. Aunque solo sea por dar ejemplo: el Partido Popular es el gobernante. Es el encargado de elaborar y ejecutar, por ejemplo, la política fiscal. Es el encargado de decidir sacrificios y ajustes. Lo menos que se le puede pedir es que sea ejemplar.

Más munición para el populismo