Misa, Podemos y redes sociales


Fijaos qué acontecimiento más curioso: el partido político Podemos presentó una iniciativa parlamentaria para que La 2 de TVE deje de emitir la misa de los domingos. Como respuesta de los fieles, la emisión de la misa de este último domingo batió un récord de audiencia. Ese día fue el programa con mayor porcentaje (share) de espectadores de todas las cadenas nacionales: un 19,3 por ciento, multiplicando por seis la media de La 2, que ese día ha sido del 3,2 por 100. ¿Un milagro del Señor, que ha decidido castigar así a Pablo Iglesias y hacer que se dedique a cuestiones más terrenales?

No. Ha sido un milagro de la movilización popular. Se conoció la iniciativa de Podemos, se pusieron a funcionar las redes sociales y consiguieron que un millón de ciudadanos (y ciudadanas, diría Irene Montero) buscaran la celebración en su televisor. He aquí una muestra más de la influencia de las redes. Con este pequeño y cercano ejemplo, se entenderá mejor por qué Trump se comunica a través de Twitter. La mejor campaña de prensa, organizada por el más eficaz gabinete, no hubiera conseguido ese resultado. La más cara campaña de publicidad no habría acercado a tantos espectadores al televisor.

Esta es la nueva realidad del mundo. La movilización de la jornada de reflexión del 13 de marzo del 2004 ante las sedes del PP se logró gracias al «pásalo» de los mensajes telefónicos. Los nuevos partidos españoles se dieron a conocer en programas de televisión, pero se consolidaron gracias a las redes sociales. El propio Rajoy, aparentemente tan distante de los mensajes que se lanzan por esa vía, utiliza las redes cuando quiere comunicar algo sensible. Y son el vínculo que da fuerza y unidad al movimiento separatista de Cataluña. La ideología, siempre que sea simple y barata; el populismo, que tiene más de emotivo que de profundo; los radicalismos que no tienen cabida en los medios tradicionales, se sustentan en Twitter, Facebook, Instagram y los mensajes de WhatsApp, que se multiplican por los reenvíos.

Si a ese poder se une a la capacidad emotiva de la religión, se explica perfectamente el éxito de la misa en TVE, aunque haya sido éxito de un día. Lástima que ese magnífico instrumento sea tan utilizado para la difusión del odio, para la comunicación de la imbecilidad nacional, para las agresiones personales basadas en la envidia e impulsadas por el anonimato. Y lástima también lo que dice Podemos, que en eso no le falta razón: que algunos predicadores de la religión den tan malos ejemplos con los abusos o con su incomprensión de los cambios sociales. Pero esa es otra historia.

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