Pues era autoinmune


Se llama Jeroen Dijsselbloem. Es el atildado holandés que preside el Eurogrupo. Decimos atildado por no decir pijo, que suena a la vez más suave y más fuerte. Pero a JD, como a todos los pijos del universo conocido, le gustan la gomina y los trajes caros. En cambio, no le gustan nada los pobres o los países del sur, que le estropean las vistas desde su despacho. A un periodista del Frankfurter Allgemeine Zeitung se lo ha explicado en una sola frase, hablando de la deuda de la chusma morosa de España, Portugal y Grecia: 

-No puedo gastarme todo mi dinero en copas y mujeres y a continuación pedir ayuda.

Lo de fundirse la paga «en copas y mujeres» no suena a un moderno ministro en funciones de los Países Bajos, sino a aquel pasodoble de Manolo Escobar, Mujeres y vino, que algunos entusiastas propusieron como himno oficioso de España: «Viva el vino y las mujeres / que por algo son regalo del Señor / y vivan los cuatro puntos cardinales de mi patria».

Aunque, como la entrevista a JD era en el Frankfurter, igual el holandés estaba pensando en el himno oficial de Alemania. Al himno de Alemania se le han ido cayendo estrofas con las guerras y los años. Ya solo le queda la tercera. La primera entonaba el Deutschland über alles, que después del nazismo no quedaba demasiado sutil. En la segunda, el himno se ponía en plan Manolo Escobar del Rin: «Mujeres alemanas, lealtad alemana / vino alemán y canciones alemanas / nunca debemos perder en el mundo / su buena fama de siempre».

Quién sabe. Pero a JD hay que agradecerle que, al fin, haya resuelto uno de los grandes misterios de nuestro tiempo. Porque mientras los politólogos, los gurús demoscópicos, los especialistas en cuidados intensivos y hasta los catedráticos de Colombofilia se devanaban los sesos intentando averiguar qué le pasa a la socialdemocracia, el autoproclamado laborista Dijsselbloem, con unas pocas palabras, ha desvelado por qué los socialdemócratas, como las benditas lampreas del Ulla, se están cociendo en su propia sangre.

La enfermedad que padece la socialdemocracia no es lupus, como ya sospechaba el doctor House. Pero sí es una patología autoinmune. Son todos los Dijsselbloem que andan sueltos por la presunta izquierda europea.

Pues era autoinmune