Sociedad, la nuestra: ¿Permisiva o corrupta?


Me levanto. Son las… El despertador ya no me hace falta. El ritmo biológico es el que controla mi dormir, mi despertar y el humor a lo largo del día esté  «alterado» por el bombardeo continuo e inquietante de las últimas horas, las exclusivas, las malas noticias. Todo es un cúmulo de sobresaltos sin sentido y con menos futuro que el llanto de un niño.

Son las… Las sábanas son pesadas y a la vez tibias y frescas. Un minuto más. Cómo presta.

Pero, qué estás diciendo. Yo no estoy jubilado. Trabajo en la administración, en una empresa, en… Sé que trabajo, que tengo un horario, que tengo que fichar. Pero siempre hay un truco. Nunca llego tarde, fichan por mí. Siempre hay un alma caritativa que encubre mi debilidad y mi estafa al resto de compañeros, a… Siempre hay alguien que se presta al trabajo sucio, a la picardía, a todo lo que huele mal.

Y eso, ¿qué es? ¿permisividad o picaresca?

Pues no lo sé si es una por separado o las dos juntas a la vez. Algo hay, y si no vente conmigo a visitar citas, lugares, circunstancias, hechos, datos, argumentos, cifras, fechas, nombres, cargos, sujetos.

Vete de la mano de mi pluma recorriendo paisajes de la patria, caminos que no llevan a ninguna parte.

Como voy tarde al trabajo, no veo el semáforo. «Policía, lo siento, cometí la infracción porque mi mujer tiene a las 9 un examen en la Facultad y, si espero uno y tantos semáforos del trayecto voy a llegar cuando los alumnos se estén marchando por la larga espera. Me comprende, ¿no?» «Siga, y otra vez, madrugue». «Gracias, no se repetirá. Obedeceré a la primera llamada del despertador».

Dejo a la mujer. Voy hacia el trabajo, pero de camino me acuerdo que tengo cita con el médico a las 11. Cola. Larga cola. Mi número es muy largo. ¿Qué hago? Solución: abren la puerta y la enfermera es mi amiga. Problema resuelto. Y a otro tema.

Me ha llegado una carta. Este buzón, no me recoge más que penas: Carta de Hacienda. Acudo a la correspondiente ventanilla y, ¡qué bien! Está fulanito. Oye, mira tengo un asunto… No te preocupes, eso te lo arreglo yo enseguida. Conozco a la persona indicada, déjalo en mis manos. Una palmadita y otro a la mochila.

De vuelta a casa, enciendo la tele. No presto mucho interés. Pero aún así el rosario de denuncias salpica continuamente el virus de esta sociedad enferma: «Correa. Sí el de la Operación Gürtel… Sí, el mismo que ahora subasta su silencio. Que sufre amnesia». Y la pregunta del periodista de turno: «¿Seguirá el juez de La Mata la pista del gánster y sus dineros traficados?»

Dejo la tele, abro el periódico del día (Oviedo p. 7, El Comercio lunes 3 de abril de 2017): «El PP pide que comparezca el jefe de policía local por las tarjetas blue». La cosa viene de atrás, por lo visto en el desarrollo de la noticia: «La mayor parte, pero no todas, concedidas por la jefatura de Agustín de Luis, 38 autorizaban expresamente a estacionar en zona azul sin abonar la tasa correspondiente y en algunos casos añadían privilegios para circular o estacionar en calles peatonales, caga y descarga o. incluso, reservadas para minusvalidos…»

Iba a dejar la tele hasta la tarde y me llama la atención. Es Antonio Ferreras en Al Rojo Vivo: Ramón Espinar, senador por Podemos, acaba de pedir perdón a los trabajadores de la factoría de Coca-cola de Fuenlabrada porque les había apoyado en el Senado pidiendo no se sirviera dicho refresco en la cafetería de la Alta Cámara, y él aparece al día siguiente portando en su bandeja dos coca-colas para la comida. ¿Incoherencia, corrupción, permisividad? Un poco de las tres cosas. El caso es que da lo mismo jóvenes, que veteranos; derechas o izquierdas: «Quien esté libre de… que arroje la primera piedra».  

Uno a uno. Medio a medio, van salpicando  mi camino. Bueno, uno más. Abro El Economista en el ordenador y tras los primeros y destacados titulares, me llama la atención uno titular: «Odón Elorza, lleva cobrando 38 años sin que se sepa trabajo alguno».

Y, así una vez más voy como puedo haciéndome con las riendas y superando cuantos obstáculos salen a mi paso. Todo va BIEN: unos sin respetar la cola, otros sobornando al guardia o al funcionario de turno, quienes haciéndose valer de amistades, enchufes, medias verdades, u otro tipo de tretas. Eso, es la vida mía, ciudadano de a pie. Ahora, si soy político: concejal, alcalde diputado,…, el mismísimo Rajoy, ¿Las cosas cambian?

Al contrario, el ritmo se acelera, la desfachatez no tiene nombre, sube de tono y la corrupción es su lema.

Cedo la concesión a unos sin hacerlo conforme a las normas porque tan sólo es el 3 % de una obra y otro tanto de la próxima. Y, en cuatro años: ¿Cuántas obras? Y, si llego a la friolera de cinco mandatos: «el dinero me sale por las orejas» o tengo atestados todos los bancos de Andorra.

No es necesario enfatizar con nombres, ni perder el tiempo en detallar biografías. Está todo en  el aire que respiramos, las obras son los argumentos que no engañan y que la HISTORIA DICTARÁ SENTENCIA.

Y, que ahora nos venga el Señor Ron pidiendo al Banco popular la friolera de 24 millones de EUROS, bien digo de EUROS, de indemnización por los 34 años trabajados, cuando recibió en sus manos un banco totalmente saneado y con garantía y en su despedida lo ha dejado desierto, sin vida y hecho unos zorros.

Qué me dicen de los Pujols, Ruiz Mateos, Mario Conde y toda esa caterva de corruptos de guante blanco que tuvieron unos un pie en la trena y otros compraron a la justicia para huir de la quema.

Sigamos en orden ascendente. Vayamos hasta la Luna. Bueno, para qué ir tan lejos. Basta con que en cada gobierno sigamos los pasos de sus figuras: Unos asesoran  Telefónica, otros Iberdrola, Gas Natural, Iberia, Cepsa, Campsa, Repsol… Y hasta Gamesa. Por citar algunas de las joyas de la Corona: privatizadas a dos céntimos y dando rúbrica en la nueva singladura.

¡Qué bello es vivir del cuento!

¡Qué cuento le echan algunos para prometer  lo que saben harán a la vuelta de la esquina, justo lo contrario de lo que prometieron.

No quiero arrastrarme más en detalles. No quiero hurgar en las cenizas. No quiero meter las narices en la mierda fétida. No quiero admitir que España, mi patria, es corrupta.

Somos una sociedad permisiva: pasamos todo por alto, a nadie le hacemos ver que el parque, las vallas, las estatuas, los bancos, están para algo y son de TODOS y que respetándolos hacemos bien a los demás y colaboramos a luchar contra ese olor nauseabundo que todo lo invade, que todo contamina. País permisivo, sociedad corrupta, ¿a qué puerta hay que llamar a GRITOS para curar esta herida?

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