El «unboxing» de Franco


El Congreso en pleno aprobó pedir al Gobierno la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco del célebre Valle de los Caídos, símbolo inequívoco y mausoleo tenebroso de una época más ominosa. La propuesta fue del PSOE. Y nadie votó en contra. Solo se abstuvieron el PP y ERC. Por distintos motivos, claro.

La noticia, dilatada en el tiempo por cuestiones de los ritmos parlamentarios, corrió después como la pólvora en las redes sociales. Muchos lanzaron fuegos artificiales, otros, los menos, se lamentaron, la mayoría calló. Tal vez porque el dictador no consiguió en su día dejar todo atado y bien atado y la sombra que proyecta hoy es bastante escasa. Quizá porque mucha gente se dio cuenta de que este tipo de mociones acaban siendo poco más que brindis al sol, que no obligan a nada al Gobierno y que, una vez más, todo queda en manos de Rajoy.

¿Y qué hará el presidente? Pues parece difícil que haga caso a la proposición. Y aún más que haya sepultureros que puedan contar a sus nietos que ellos hicieron el unboxing de Franco. ¿Entonces, para qué sirvió? Pues para reabrir el debate sobre la memoria histórica, hacer un poco de esgrima parlamentaria, alborotar las redes... Y comprobar que aún hay quien tiene muchísimo respeto al pasado.

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