Ganó Sánchez, PP de fiesta


Esperaba una declaración con un principio similar a este: «Compañeras y compañeros, todas y todos, después de esta dura campaña o duro campaño que nos ha mantenido afligidas y afligidos», etcétera. No llegó en estos términos. Lo lamento. Porque lo que se ha vivido hasta ayer mismo ha sido uno de los episodios más ridículos de nuestra democracia. Ridículo, que produce risa, sin más. No vean intención peyorativa en mi adjetivo. El PSOE se ha matado a sí mismo y ganase quien ganase ayer ya no importaría. Observamos la banalidad de Díaz, su desmesurada ordinariez. Y a Sánchez en su hábitat: digo esto o su contrario. Y el otro, que ha vivido de la política toda su vida, como Díaz, y que le debe al PP sus cargos de lendakari o de presidente del Parlamento, erigiéndose en político inmaculado ajeno a la contienda. Ganó Sánchez, como yo esperaba. Se ha premiado el odio al PP y, sin quererlo, los militantes han favorecido como nunca al PP. Imagino a Rajoy de fiesta. El centro cada vez está más libre y la polarización con la izquierda en versión extrema (Podemos y Sánchez) le viene de perlas. Con los presupuestos en marcha y a poco que se limpie la ciénaga corrupta de Madrid, en las elecciones a un año vista, digo yo, el PP aumentará escaños y su victoria resultará aplastante. Los militantes han hundido aún más a su PSOE. Sánchez volverá a conseguir un nuevo «resultado histórico». En el PP, a poco que lo piensen, lo celebrarán a lo grande. Su principal adversario ha decidido suicidarse.

Ganó Sánchez, PP de fiesta