La ola de Sánchez triunfa en el PSOE

OPINIÓN

22 may 2017 . Actualizado a las 12:48 h.

Después de ocho meses, Pedro Sánchez vuelve a ser secretario general del Partido Socialista. Lo hace capitaneando un movimiento de buena parte de las bases socialistas contra las élites políticas del partido, con una victoria contundente e incuestionable y consiguiendo más poder y legitimidad de la que tuvo en su anterior periodo y que finalizó en aquel célebre Comité Federal del 1 de octubre con su dimisión, tras perder una votación sobre el calendario del Congreso que pretendía celebrar. Pero antes de ese Comité, la mitad de la ejecutiva del PSOE había dimitido buscando derrocar de forma chapucera a un Sánchez que había gestionado mal orgánicamente los equilibrios de poder y los egos personales, y al que los bandazos políticos y la falta de peripecia para convertirse en presidente del Gobierno en un escenario muy complejo le habían dejado en la cuerda floja interna.

Cuando Sánchez anunció su candidatura allá por principios de año, quedaba claro que las primarias volverían a versar sobre lo sucedido en aquella sala de la sede de Ferraz y retransmitido en directo para toda España. El debate de ideas y de proyectos políticos se diluyó en la polarización y se centró en las personas en lugar de los programas, con argumentos políticos excesivamente débiles. La quiebra del partido de la socialdemocracia española, a diferencia de lo que está ocurriendo en otros países de nuestro entorno, no era tanto ideológica como si personal y de pugna por el poder, con toques de venganza propios de El Conde de Montecristo.

Ahora bien, en estos meses Sánchez ha impugnado la abstención del PSOE en la investidura y se ha mostrado como víctima de la operación orquestada para conseguirla, mientras tanto construía su mensaje político de la militancia contra la élite y el establishment del partido. Una élite que ha demostrado desconocer a sus bases y que ha evidenciado síntomas graves de vivir en una realidad paralela o en una burbuja. No era la primera vez, tanto con el 15M como con el surgimiento de Podemos, muchos fueron incapaces de ver la realidad y la que se les venía encima a la vez de que no sabían ni querían, analizar los acontecimientos con la sinceridad que requería.