La chapuza de fin de curso


Me temo que este nuevo curso escolar no llegará a su fin como los anteriores, lo hará con un gran ruido mediático ante las dichosas reválidas, rechazadas no solo por bastantes docentes, sino por padres, madres y alumnado, que siguen viendo cómo las decisiones se toman en las alturas, en contra del sentido común y el sentir de los implicados/as que necesitan una respuesta clara ante la incertidumbre que padecemos.

Este Gobierno, en su Consejo de Ministros del pasado mes de julio, en vísperas de cerrar la persiana para irse de vacaciones, no cedió en su empeño y, contra viento y marea, dio luz verde a las reválidas de ESO  y Bachillerato, mediante un decreto donde se regulan las evaluaciones finales de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y de Bachillerato de la Lomce que se están aplicando estos días.

El alumnado de 2º de Bachillerato tiene que realizar una prueba en junio cuyo diseño aún es transitorio y que puede considerarse un mero cambio de nomenclatura. 

La reválida se ha metido con calzador, en un momento en el que este país está de patas arriba, con la paradoja de no saber quién tirará de él, en una honda confusión y en ese sinvivir provocado por los políticos que no se ponen de acuerdo, pero que siguen pegados a las prebendas del sillón.

Con este cuadro surrealista no creo que sea el momento de introducir novedades significativas que puedan hipotecar a muchísimos implicados/as que sufrirán estas consecuencias.

En los institutos se ha colado la incógnita de la nueva reválida, un tema monográfico que se vive en los  pasillos como un gran quebradero de cabeza para los profesores y profesoras que viven en la más absoluta falta de información y  tienen que preparar a los estudiantes que tienen motivos para vivirlo con gran inquietud, mientras muchos y muchas  pensamos que  todo es una auténtica chapuza. Así como suena.

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