Las chicas y los chicos


Admiro a mi querido amigo Luis Ordóñez porque expresa sus ideas con la claridad del buen periodista. Y lo admiro porque le mueven las causas justas, busca el bien común. Es una admiración blindada a algunas de esas ideas que expresa con soltura, pero, siento decirlo, con profundo sectarismo. Acabo de leer su artículo Los chicos con las chicas y me resulta difícil estar más en desacuerdo. Vamos por partes.

Arremete contra una sentencia del Tribunal Supremo que da la razón a los colegios de educación diferenciada, que no segregada, y recuerda algunos supuestos errores en otras sentencias. Curioso recurso al que se podría contraponer otra ristra de sentencias positivas a favor de sus intereses, que haberlas, haylas.

En segundo lugar, dice que los padres que llevan a sus hijos a esos colegios consideran «peligroso» juntar niños con niñas. Mis hijos (dos niñas y un niño) van a esos colegios, y cuando salen de ellos se pasan toda su vida mezclados con otros niños y niñas. La razón es otra: estimar que el desarrollo académico de niños y niñas es mejor si lo hacen por separado, tal y como ampara, por cierto, la UNESCO, organismo que lo expresa bien claro: «no es una forma de discriminación la creación o el mantenimiento de sistemas o establecimientos de enseñanza separados para los alumnos de sexo masculino y para los de sexo femenino».

También tiene que ver con un modelo que en Europa crece. Alguna perla. En el Reino Unido hay 1.902 escuelas diferenciadas para chicos y para chicas: 416 state schools (escuelas que reciben fondos públicos, sean o no de titularidad pública) y 676 independent schools, con unos resultados ilustrativos: 81 de las 100 escuelas con mejores resultados son de educación diferenciada sean del sistema estatal o del sistema independiente. En Alemania, la enseñanza pública ha introducido este tipo de educación y sirva como ejemplo que en Baviera, el 25% de las escuelas públicas ofrece asignaturas diferenciadas para chicos y chicas. En Estados Unidos este tipo de escuelas se acerca a las 2.000, con un espectacular incremento, bajo el mandato Obama, en la pública. 

El último argumento en contra de la enseñanza diferenciada es abracadabrante. Cuidado católicos, que si vosotros tenéis escuelas diferenciadas, los musulmanes también podrían hacerlo. ¿Y? Pero el caso es que hablamos de cuestiones académicas, no religiosas, y en todos los países referidos antes, la enseñanza diferenciada también es laica. Es un asunto académico, no religioso. Y ahí está el meollo de la cuestión, que queremos un Estado laico, que ya lo tenemos, pero no hacemos más que preocuparnos en qué ocupan su tiempo esos que van a Misa.

Si el fondo del asunto es que ya no hay dinero para los conciertos, abramos ese debate desde la racionalidad. Que se acaben los conciertos, todos. Yo lo lamentaría, pero lo entendería en aras de la defensa de la educación pública. Ahora bien, mezclar conciertos, religión y conciertos de colegios de educación diferenciada no colabora en nada en esa búsqueda melancólica de un Estado laico, que, insisto, ya tenemos. Y una doble coda: el currículo académico de la concertada es el que impone la Consejería de Educación, así que resulta imposible suprimir una u otra asignatura. Y respecto a privilegios o élites, los colegios concertados están obligados a admitir a aquellos alumnos que lo deseen y que sean de su ámbito geográfico, tengan la condición social que tengan.

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