«llama tú». «No, llama tú, tonto». «No, tú primero». «Venga, los dos a la vez, jajaja». Mariano Rajoy y Pedro Sánchez han reinventado la eterna conversación telefónica entre ardorosos adolescentes, solo que en lugar de ser el último en colgar, su reto era ser el último en llamar. El caso es que, después de un largo vodevil en el que no han faltado misteriosos SMS desaparecidos, por fin nos enteramos de que Rajoy y Sánchez han hablado ya. Aleluya. Al parecer, el destino de España entera estaba pendiente de ese diálogo y ahora ya todo será coser y cantar.
En esa conversación, el redivivo líder socialista le ha dicho a Rajoy que no se preocupe por el referendo independentista en Cataluña, porque con él al frente el PSOE estará siempre «en la defensa de la legalidad y de la Constitución contra cualquier intento de romperla». «Gracias, Pedro. Te dejo, que me llama Moragas». Uno, que ya va conociendo a Rajoy, se lo imagina colgando el teléfono y diciendo algo así como: «Y yo me lo creo, este se ha creído que soy tonto».
No seré yo quien le reproche a Rajoy esa desconfianza si se tiene en cuenta que el Sánchez que le dice ahora que él es un antiindependentista fetén es el mismo que aseguró en público que nadie debía temer una repetición de las elecciones porque el PSOE iba a ser «parte de la solución». Todavía estamos esperando para saber qué entiende Sánchez por ser parte de la solución, porque si no llega a ser porque su partido entró en combustión y lo defenestró tras el bochornoso episodio de la urna de cartón que colocó detrás de una cortina en el sótano de Ferraz, iríamos ya por las cuartas elecciones. Y él, tan contento con su «no a todo». Ese Sánchez que asegura que se va a comer crudo a Puigdemont como se atreva a violar la Constitución es el mismo que hace apenas un año estaba dispuesto a pactar con los partidos independentistas, incluido el de Puigdemont y hasta la Bildu de Otegi. Y el mismo que proponía que el PSOE trabajara «codo con codo» con Podemos mientras este partido apoyaba, y sigue apoyando, el derecho a decidir la independencia de Cataluña en un referendo. ¿Qué Pedro Sánchez nos toca hoy?
Dentro de poco veremos que cuando se vote en el Congreso si ese Pablo Iglesias que abomina de la Constitución debe ser el presidente del Gobierno, el PSOE de Sánchez se va a abstener. Aquí, el «no es no» se convierte en un «ahora no, pero mañana ya veremos». No oponerse a que Iglesias sea presidente es una contradicción absoluta con la promesa de lealtad constitucional que Sánchez le hace a Rajoy. Y por eso nadie le cree.
Aunque el renacido secretario general convenció a la militancia socialista y su legitimidad es total, le va a ser difícil recuperar la credibilidad ante el resto de formaciones, si es que alguna vez la tuvo, porque a todos traicionó alguna vez. Y eso, en política, se paga. Dudo que lo haga, pero Rajoy haría bien en no creerse que Sánchez va a ser un fiel aliado frente al desafío independentista. Más bien, al contrario. Le dejará solo e incluso le echará la culpa de todo. Veremos.