Ha vuelto a pasar...


Ha vuelto a pasar. Por eso tenemos que seguir explicando en qué consiste el feminismo. Y lo haremos, una y otra vez. Y las veces que hagan falta. Y sobre todo, intentaremos que no se vuelva a confundir ser feminista con ser radical. 

«Yo me defino como persona. Yo creo que no hay que ser feminista ni machista, yo creo que los extremos nunca son buenos ni para un lado ni para el otro», ha declarado Paula Echevarría recientemente. Y nos volvemos a quedar ojipláticas, porque nos deja de piedra que a estas alturas todavía haya tanto desconocimiento con el término feminismo. Precisamente las figuras públicas deberían tener clarísimo la diferencia entre machismo y feminismo y que uno no es el contrario del otro, uno busca la supremacía de un sexo sobre el otro y otro busca la igualdad. Vamos, que no son dos cosas que se excluyan la una a la otra. 

Pero por si acaso lo volvemos a explicar: el feminismo es el movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres.

«No creo que haya que ir a las barricadas todo el rato». «Han sido muchos años de lucha donde sí ha habido mucho feminismo, pero llegados a este punto ya no tenemos nada que demostrar. Ya todo el mundo sabe que nos valemos por nosotras mismas, salvo excepciones. Tenemos que seguir avanzando, pero yo creo que ya no de una manera tan reivindicativa». 

Lamentablemente no estamos de acuerdo y pensamos que todavía hay mucho que conseguir y que reivindicar, ya que a diario vemos en los medios de comunicación noticias sobre violencia machista, agresiones sexuales, desigualdad laboral, salarial y otras muchas situaciones en las que estamos lejos de conseguir los objetivos de una sociedad igualitaria. 

Por eso no esta bien confundir el significado de la palabra feminista contribuyendo a la criminalización del término. Esta es la causa de que  muchas, muchas, pero muchas mujeres (y adolescentes) sientan hastío cuando escuchan hablar de feminismo. No sigamos lanzando discursos dominantes e invisibles porque son más peligrosos. Los de «me hago la rubia» , «los del sexo débil» o los de «feminismo ni machismo». 

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