O el blanco o el negro: no hay matices

OPINIÓN

12 jun 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

La despreocupación de algunas gentes que salen en la televisión y que escriben en los periódicos al utilizar palabras límite que rompen cualquier campo semántico moderado es una realidad en los medios de comunicación españoles.

Una de las palabras más utilizadas es la de exigir. Todo el mundo exige que, por una razón u otra, le concedan lo que pide. Otros señalan que han confundido el término abatir por el de asesinar; confundir por mentir; sustraer por el de robar o tratan de engullirnos con vocablos que pertenecen a mundos alejados de lo cotidiano, a los que se le ha cambiado su contenido semántico como prevaricar, investigar, conculcar o dilapidar. Además a jefes de bandas internacionales consideradas criminales se les compara con el Dalái lama o «Maestro encarnado» sin comentarios, y sin que el escribidor de tal noticia se haya inmutado lo más mínimo.

Estamos ante otra distopía dentro de un universo que cada vez se hace más manipulador del lenguaje al tratar de controlar el poder y arrebatarlo de cualquier forma para uno mismo. Lo tenemos en Cataluña que se encuentra en la frontera del totalitarismo, que trata de crear sintetizada una felicidad alejada de la realidad cotidiana de las personas, evocando construcciones sociales muy pasionales asentadas en la exclusividad del nacionalismo.