O el blanco o el negro: no hay matices


La despreocupación de algunas gentes que salen en la televisión y que escriben en los periódicos al utilizar palabras límite que rompen cualquier campo semántico moderado es una realidad en los medios de comunicación españoles.

Una de las palabras más utilizadas es la de exigir. Todo el mundo exige que, por una razón u otra, le concedan lo que pide. Otros señalan que han confundido el término abatir por el de asesinar; confundir por mentir; sustraer por el de robar o tratan de engullirnos con vocablos que pertenecen a mundos alejados de lo cotidiano, a los que se le ha cambiado su contenido semántico como prevaricar, investigar, conculcar o dilapidar. Además a jefes de bandas internacionales consideradas criminales se les compara con el Dalái lama o «Maestro encarnado» sin comentarios, y sin que el escribidor de tal noticia se haya inmutado lo más mínimo.

Estamos ante otra distopía dentro de un universo que cada vez se hace más manipulador del lenguaje al tratar de controlar el poder y arrebatarlo de cualquier forma para uno mismo. Lo tenemos en Cataluña que se encuentra en la frontera del totalitarismo, que trata de crear sintetizada una felicidad alejada de la realidad cotidiana de las personas, evocando construcciones sociales muy pasionales asentadas en la exclusividad del nacionalismo.

Nos encontramos ante los Guardianes y Vigilantes de los comportamientos como personas en sociedad que nos enseñan como proceder en los autobuses con las señoras mayores y con los ancianos a los que se les ha ocurrido subirse al bus para ver el mundo exterior desde la ventanilla y salir de casa sin cansarse demasiado. Y a estos Guardianes Vigilantes se les había olvidado que sus padres, al menos algunos, les habían enseñado a dejar pasar delante a los mayores o a ayudar a poner el abrigo a la abuela. Asuntos que habían desterrado ante la creencia de que todos los seres humanos somos físicamente iguales y parecidos al Capitán América y a Superwoman.

Nos topamos con aquellos que parecen haber guardado la Historia en una memoria que anhela controlar la información y la propia historia, en una clara manipulación psicológica llena de control físico y tecnológico, en un claro deseo de dominar a todo el personal acercándolo a su territorio.

De aquí que nos encontramos en este momento con variados Ministros de la Verdad que son los encargados de reemplazar una mentira por otra sin hacer grandes aspavientos, erradicando la memoria, los matices en las palabras y sus significados para convertir a la gente en seres que piensan que el pasado existió, pero que no sabemos si fue o no verdad. De aquí que se nos esté hablando en el Nuevo Lenguaje, para que olvidemos al Viejo Idioma español en donde era más fácil conceptualizar, como hacían Quevedo, Gracián o Góngora, todas las ideas que se utilizaban para combatir el doble pensar que nos invade ahora.

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