Economía para ingenuos


Alos escritores se nos permiten ciertas licencias vedadas al resto de los columnistas. Por ejemplo, podemos hablar de lo divino y lo humano porque el Parnaso está limitado entre ambos mundos. Y también se nos permite emplear la retórica y sus fabulosos recursos para decir lo que pretendemos sin decirlo apenas. No en vano todos hemos hablado hasta de dinero, que es el asunto del que menos entendemos. Desde Horacio, que escribió en alguna epístola la célebre frase tantas veces repetida, y que probablemente nuestro zoo de corruptos conocerá: «Rem facias, rem, si possis, recte; si nom, quocumque modo». O sea, que ganes dinero de modo honesto si puedes, pero si lo ganas deshonestamente vale igual. Quevedo escribió aquello de «Poderoso caballero» y mi admirado Borges, un esteta, sentenció en El Aleph que el dinero es tiempo futuro. No obstante el más intrépido fue nuestro Valle Inclán, que en Luces de Bohemia sentenció: «En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero». Los escritores somos unos osados. Por eso yo, que tanto amo a Valle, resumo esta columna en una mistérica frase: «En España manda quien manda».

La economía, ciertamente, es una ciencia misteriosa. Yo pensé hace años que las cosas eran mucho más sencillas, me equivoqué. Pensé que con Fórum Filatélico todo lo había aprendido. Era una empresa que rezaba con un logotipo contundente: «25 años generando confianza». Quién imaginaría que todo era un timo perpetrado por unos sinvergüenzas. Engañaron a diestro y siniestro, se llevaron el dinero y el dinero se volatilizó. Porque la primera lección de economía para ingenuos es saber que el dinero que te quitan es muy difícil que te lo vuelvan a dar. La segunda, que estás solo y solo te acompañan los estafados como tú. Hubo otras estafas en medio (Preferentes, Rumasa, Gowex...) pero hasta Bankia no supimos adónde puede llegar la astucia de algunos prebostes: sacar una oferta de acciones a un precio que no refleja en absoluto el valor de la empresa. Bankia, sin embargo, era minucia si la comparamos con Banco Popular: de la noche a la mañana una empresa que pasa todos los test de solvencia y que recibe el aval del ministro de Economía, vale un euro.

Y todo sin preguntar a los accionistas ni informarlos. Con eso que llaman el regulador, que es el Gobierno y la CNMV y el Banco de España y Europa, etcétera, mirando hacia otro lado. Contaba La Voz el sábado: el principal accionista del banco comprador, días antes de la confiscación, había vendido más de noventa millones de acciones del banco comprado. Qué curioso. Tercera lección y última: en España manda quien manda. Solo nos queda sobrevivir.

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