Anatomía del «nuevo» Sánchez


Me aseguran desde el PSOE que en la sede de Ferraz hay poco menos que euforia. Estaban tan mal hace un mes, tan divididos, tan enfrentados, que cualquier cosilla que les salga bien los hace saltar de felicidad. Y hay cosillas que les salen bien: los purgados por los nuevos dirigentes no han entrado en rebeldía, las encuestas les sonríen algo en perjuicio de Podemos, el Partido Popular no consigue ver transformados en votos los buenos resultados económicos que su Gobierno pregona, y Pedro Sánchez disfruta de los beneficios del ganador: como tiene pinta de no ser un secretario general de transición, ni analistas ni compañeros de partido se lanzan a degüello sobre él. 

Ahora se ha metido en una curiosa, pero inteligente aventura: tratar de convertirse en el centro de la iniciativa, casi como si fuese un jefe de Gobierno. Y algo aún más curioso: destacar en el Congreso sin ser diputado. Y lo está consiguiendo. Con Podemos crea cinco comisiones de trabajo en temas trascendentes con el objetivo de tumbar las reformas de Rajoy y el último conejo sacado de la chistera: la eutanasia. Con Garzón intentará cambiar el sistema electoral. A los sindicatos les dice que asume su agenda social. Con Albert Rivera llega al acuerdo de ir pensando la reforma de la Constitución. Y quizá se me olvide algo.

Ignoro si todo esto es idea suya o de los sabios de que se supo rodear, como el sociólogo Tezanos, pero eso es lo de menos. Lo importante es que, de cara a la galería y la militancia, es el dirigente que consigue que muchos astros políticos giren en torno a él. Ya se le hicieron más fotos como nuevo motor del cambio que si actuase de portavoz de su grupo. Y todo eso, sin quemarse, porque alguien le aconsejó hablar poco, que no diese entrevistas ni se dejase rodear por nubes de micrófonos. De hecho, solo concedió una entrevista a Antonio García Ferreras en Al rojo vivo, que es donde se supone que conecta con esos votantes de Podemos que quiere reconquistar. Hay que seguirlo, porque inesperadamente puede dar a todos una lección de estrategia, quién lo iba a decir.

¿Cuáles son los problemas de Sánchez? Todos estos: que quiere girar a la izquierda y no sé si está girando demasiado, hasta el punto de abandonar la moderación; que necesita mucho tiempo para ganar en el electorado la confianza que le dieron los militantes, y él no maneja ese tiempo, que lo maneja Rajoy; que no le vendría mal algún pacto con el Gobierno en asuntos de Estado, como hizo Zapatero con el terrorismo en el Gobierno de Aznar; y que, al negarse a cualquier acuerdo con la derecha y sentirse tan eje del cambio, le haga difícil la vida a Rajoy y lo fuerce a adelantar elecciones. Y ahí sí que puede naufragar.

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