Dos hombres y un destino


Frente a frente. Ni uno tan falto de decencia como parecía ni otro tan intransigente como pregonaba. Solos los dos, apretón de manos incluido y sonrisa pacificadora para endulzar los sinsabores de otros encuentros que ya quedaron en el pasado. Procede pensar el futuro porque el presente está claro: lo gestiona, cómodamente, el miembro de la pareja que ha conseguido aprobar los presupuestos para este año -y comprometer los del próximo- mientras el otro se prepara para el relevo, a tres años vista, recuperado el liderazgo interno y con una cabeza de ventaja en el camino hacia la meta, Podemos por medio. Es una carrera de fondo en la que habrá concesiones puntuales para justificarse ante sus respectivos públicos sin desmerecer demasiado y sin parecer vencidos, aunque alguna pluma deban dejar en el camino.

Lo verdaderamente importante es que hayan querido, y podido, celebrar su primera gran reunión institucional en el último año y medio. Era ya apremiante que Sánchez y Rajoy, junto a Rajoy y Sánchez, se enfrentasen a su imagen devuelta por el espejo del otro, porque solo tendrán un mañana si consiguen demostrar que sirven para algo más que para declararse incompatibles.

Toca comenzar a dibujar escenarios múltiples con diversas mayorías puntuales en una Cámara tan heterogénea como plural. A veces el PP, a veces el PSOE, habrán de buscar alianzas en sus respectivos ámbitos ideológicos para transitar el nuevo ciclo político comenzado en el 2015. No hay por qué descartar un final de legislatura con posibles cambios constitucionales si se van articulando mayorías necesarias para otras importantes reformas previas. Tal vez se logre si sus 350 señorías se plantean, seriamente, hacerse con un trocito digno en la historia de este país y cumplir con los deberes que el momento ofrece. Estamos al final de un ciclo político que se cerró con los festejos de cuarenta años de democracia con monarquía parlamentaria. Se hizo evidente que solo interesan quienes tengan algo que aportar para el futuro -rey emérito depuesto, rey activo dispuesto-, pues la casa tiene pendiente algo más que un lavado de cara.

Sobre el procés no habrá demasiadas discrepancias, más allá de lo imprescindible para que el PSC no pierda posibilidades en las próximas autonómicas, pero los asuntos que verdaderamente importan, además de los que tienen que ver con la economía y la seguridad, se refieren a la cuestión territorial -entendida a lo grande- y con el papel y el peso a que debamos aspirar en el convulso y renovado tablero internacional.

Sánchez y Rajoy tienen ante sí un destino compartido, lo quieran o no. Deberían sentirse afortunados. Pocas veces se da la oportunidad de responder a retos tan grandes y la posibilidad de encontrar el valor necesario para afrontarlos. Qué y cómo se resuelvan, el tiempo lo dirá.

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