López y el demócrata Garzón


Ayer nos despertamos alegremente con la noticia de la salida de la cárcel de Leopoldo López. Llevaba tres años en presidio por decisión totalitaria del totalitario Nicolás Maduro. Los demócratas creemos que por pensar diferente no se puede estar en la cárcel. El dictador venezolano (reitero el sustantivo: dictador) y su bolivarismo, que han sumido a su país en la miseria, lo encarcelaron por no claudicar ante el régimen del heredero de Chávez. Chávez, condenado en su día por golpista e indultado de modo vergonzante, ha sido un modelo para muchos políticos españoles. Incluso para uno de los más valorados en las encuestas: Alberto Garzón. Yo nunca lo he entendido. Pero esta España se ha vuelto crónicamente disparatada. Y no habrá nada que hacer en muchos años. Vuelvo a Garzón. Porque ayer mismo, cuando unos nos alegrábamos de que López abandonase la cárcel, el gerifalte de Izquierda Unida escribió en una red social: «La liberación del golpista Leopoldo López es una buena noticia si contribuye a la paz y el diálogo en Venezuela. Ojalá así sea». Golpista, decía. También liberación, aunque siga en arresto domiciliario. Yo pensé que no era Garzón, sino un imitador. Porque nadie en su sano juicio podría escribir tal barbaridad. Pero, insisto, en esta España disparatada ya cabe cualquier cosa: expropiar la catedral de Barcelona, por ejemplo. Todo está permitido. Hasta que un demócrata, muy valorado, llame golpista a quien cometió la valentía de oponerse a un dictador. ¡Qué España hemos construido!

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