Leer en verano, mientras lo demás se rompe

OPINIÓN

22 jul 2017 . Actualizado a las 17:03 h.

De alguna manera las noticias de la prensa me están resultando armónicas con el verano. Para mí la imagen visual del verano es la de una grieta que se extiende. Quizá sea porque la sensación táctil que más recuerdo es la del agua en la piel cuando se seca, cuando se adelgaza como si fuera goma dada de sí y se rompe en bolitas pequeñas que se acaban yendo. O puede que sea porque la idea de calor me hace pensar en tierras duras y secas, con esas grietas características que las cuartean. O también porque es la época en que braman los hielos árticos al resquebrajarse y agrietarse. Lo cierto es que la prensa nos habla todos los días de grietas. No es que haya novedades radicales. Son las mismas grietas que se ensanchan lentamente. La convivencia pacífica que venimos llamando estado de bienestar, ese tipo de sociedad que quiere ser desigual, pero fijando unos límites que le permitan ser también protectora, se agrieta. No está rota pero brama como los grandes hielos en verano.

El FMI dice que España tiene que reformar el sistema público de pensiones para que sea sostenible. Recomienda que la gente recurra a pensiones privadas y que se alargue la vida laboral. Hay una vileza mayor que pegar un tiro en la nuca a alguien y es pegar un tiro en la nuca y negar que eso sea matar. El FMI dice que el sistema público de jubilación será sostenible si la gente no se jubila y si los que se jubilan lo hacen con una jubilación privada (después de pagar toda su vida la pública). Es decir, el sistema público de pensiones se hará sostenible si se elimina. No hay nada nuevo en lo que dice el FMI. Cada comunicado suyo es como uno de esos estrépitos que anuncian que el Perito Moreno se agrietó un poco más y está más cerca de romperse en icebergs de varias toneladas. El FMI es uno de los bramidos que anuncian que la sociedad se desagrega lentamente y que el estado de bienestar se rompe.

La prensa nos da cuenta también de las grietas locales. El cercano 18 de julio nos recordó el rosario interminable de indignidades con que los líderes del PP se refieren a la dictadura y sus víctimas. El PP nace del tejido de una dictadura que no está en pasado perfecto. El PP está hecho de fibra franquista y actúa como una astilla clavada en la memoria de España, que así sigue agrietada y no acaba de estar en paz. Es una tristeza que la prensa reitere cada día esa imagen caricaturizada de Venezuela con la que el PP pretende dar y negar credenciales democráticas, mientras el propio PP airea cada vez con menos pudor sus entretelas franquistas. Qué triste gracia deformar cada día el dolor de Venezuela por la delirante asociación que la propaganda hace de este país con Podemos (cuesta creer que todo se reduzca a eso), mientras que es Polonia, en el corazón de la UE, la que, tras destacarse como xenófoba, avanza hacia una dictadura formal.