Neymar, el trilero de los traspasos


A estas alturas del partido, queda clara la dimensión del fútbol como un negocio, que los jugadores se mueven como profesionales en busca de un contrato y que los dueños del chiringuito se gastan su dinero como les da la gana. Todo resulta tan cierto como que el circo lo sostiene el irracional sentimiento de pertenencia a unos colores. La coartada para mantener todo el tinglado. En ese teatrillo, en el que se miente más que en el tren del Asesinato en el Orient Express, nadie engaña tanto como Neymar Jr. Ni en el campo, donde le mueve un juego tan loco como seductor, donde alterna el desplante chulesco con el regate inverosímil, ni en la mesa de negociaciones, donde ahora sale corriendo en busca del talón con un mayor número de ceros. Todavía se desconoce cuánto costó vestirle de azulgrana y cómo burló al Santos, al Real Madrid y a un puñado de intermediarios para aparecer en el Nou Camp como por arte de magia. Un partido que todavía se disputa en los tribunales. Ahora la jugada, con todos los cheques que se van cayendo por el camino, ronda los 750 millones de euros. Una de esas cifras que, por mastodónticas, no se comprenden ni siquiera pasándolas a pesetas (125.000 millones). Una jugada obscena que termina distanciando todavía más al público de la grada. 

La cuadrilla de Neymar renueva esta vez el regate para amanecer en París tras unos días de marrullerías, silencios y desplantes. Y en los que el jugador llegó hasta a tensar la cuerda marcando de forma cobarde el terreno con una pelea con el novato Semedo en un entrenamiento. La historia termina con una traición y una novia despechada, como casi todas las novelas de traspasos del verano, porque el futbolista casi siempre termina jugando donde quiere. El Barça se convierte en el cazador cazado. Y resulta penoso su enojo de ultrajado. Porque en la feria de los fichajes descubre al fin cómo duele ver al pez grande comerse al chico.

El París Saint Germain se mueve con la lógica implacable del nuevo rico, que juega sus cartas saltándose no ya toda ética, sino también las normas de juego limpio financiero que pretenden que la burbuja del fútbol no vuelva a estallar en la cara de las aficiones, las instituciones y Hacienda.

¿Y el fútbol? A la sombra de Messi, o quizá beneficiado por el brillo de jugar al lado de Leo, Neymar proyectó una carrera sensacional. Pero, al margen del dinero, ¿le ofrece París la posibilidad de aumentar su pegada como futbolista?, ¿resulta la liga francesa el mejor lugar para pasar sus años de madurez como futbolista?, ¿volverá a repetir la jugada en el PSG con una salida a la carrera? Coge el dinero y corre, Ney, pero no pretendas que te quieran.

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