Ni el PP puede seguir tumbado a la bartola pensando que la fragmentación de la oposición le garantiza el poder ni el PSOE debe dar por supuesto que la espectacular recuperación en la intención de voto se consolidará en el futuro. El barómetro del CIS demuestra que hay partido. Y, además, queda aún mucho partido. La notable subida de los socialistas en solo un trimestre tiene escasos precedentes, y es la señal de que sigue habiendo en un sector muy importante de la sociedad un apreciable anhelo de cambio que busca un banderín de enganche. Ese estandarte lo porta ahora Pedro Sánchez como antes lo representó, por ejemplo, Pablo Iglesias, quien ya ha tocado techo. En estos años de desesperanza e incertidumbre, son muchos los ciudadanos que buscan un faro al que aferrarse para afrontar el futuro con un mínimo de ilusión. Pero más de uno de esos faros refulge como una estrella fugaz y rápidamente empieza a perder brillo. El último ejemplo puede ser Macron, quien hace poco era el gran mirlo blanco y ahora, solo unas semanas después, ve hundirse su popularidad. Pedro Sánchez tenía una incuestionable ventaja sobre Susana Díaz, que encarnaba una esperanza de cambio que la andaluza jamás podía representar. Y es esa expectativa lo que refleja el barómetro del CIS. Ahora está por ver si Pedro Sánchez invierte adecuadamente ese capital político o si, por el contrario, lo dilapida.

Lo incuestionable es que, en estos momentos, la carrera hacia el poder está abierta y es cosa de dos, ya que el repunte socialista desinfla la opción Iglesias. El partido se jugará a partir de ahora en los espacios que ocupan Podemos y Ciudadanos. Tanto para arañar votos como para decidir hacia dónde inclinan la balanza estos partidos con sus apoyos. Porque el juego de alianzas será el que decida quién gobierna en el futuro.

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