Europa nos alerta


Pues vale, olvidaos de ser fecundos, pero sed al menos mucho más productivos y competitivos.  Nuestra  tasa de abandono escolar prematuro se mantiene entre las peores de la UE. Además, España padece la segunda mayor tasa de repetidores, lo que incrementa el riesgo de abandono, reduce las expectativas de resultados y pesa negativamente sobre los costes educativos. No lo dice cualquiera, lo reiteró la Comisión Europea el 22 de mayo, al evaluar el Programa Nacional de Reformas hispano de 2017 y lo ha ratificado el Consejo (DOUE de 9 de agosto). Por eso nos recomiendan medidas para este año y durante el 2018 en la línea de reforzar notablemente el apoyo individualizado a los alumnos. ¿A qué alumnos? Pues a los que corren un mayor riesgo de abandono: los que tienen dificultades de toda índole, como los disléxicos, que por sí son alrededor del 10 %, ateniéndonos a los datos de países solventes.

Esta recomendación de apoyo individualizado no va dirigida tan solo a las restantes autoridades educativas. Va dirigida a España como un todo, incluida su leal oposición. Suponemos que están negociando el denominado pacto educativo. Y suponemos que negocian de buena fe y de forma diligente.

 Al hilo de esto me viene Nietzsche a la memoria, tratando en Basilea Sobre el futuro de nuestras instituciones educativas. El futuro de la educación es un eterno retorno, un círculo vicioso. Aquí llevamos reformándola desde las postrimerías del franquismo y ahí seguimos, con un sistema pensado para formar futuros funcionarios al servicio de sectores de bajo valor añadido, como el turismo y la construcción. Nadie piensa en la industria, como tampoco piensa en la integración social. El modelo prusiano que criticaba Nietzsche era criticable, a pesar de su resiliencia industrial y económica, pero al menos ya ha incorporado adaptaciones para integrar a la mayoría de la población, evitando una masa de titulados universitarios en disciplinas que no demanda la economía y garantizando una excelente capacitación en habilidades básicas, que permiten rápidas adaptaciones al cambio.

En España el debate es otro. La educación al servicio de una mesocracia funcionarial memorística: modelo opositor. Desde luego que no podemos pactar un modelo a la prusiana, porque hasta en Alemania se ha transformado. Pero tenemos que combinar estabilidad y excelencia con eficiencia e integración. Nuestros niños, más que abandonar la escuela, son abandonados por la escuela. Este es un lujo que no nos podemos permitir y que, además, es profundamente injusto con quienes precisan más apoyos y ajustes. De ahí que Europa nos vuelva a sacar los colores, otro año, recordándonos que el apoyo individualizado a los alumnos con dificultades es clave para nuestro éxito definitivo. En todo caso, pacten con sentido de Estado escuchando a Europa, por favor, y mejor en el 2017 que en el 2018.

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