Ya no se trata de un atentado low cost, como se pensaba en un primer momento. Los terroristas habían preparado una matanza mucho mayor para hacer el máximo daño posible. Y no la habían improvisado. La habían planificado con tiempo y detalle. Tampoco eran unos simples radicalizados ni unos lobos solitarios. Eran un grupo bien organizado con capacidad para provocar una gran destrucción, material y en vidas humanas. Por todos detalles, los yihadistas que han actuado en Cataluña están más próximos a los terroristas que perpetraron los ataques a los trenes del 11M que a los autores de las recientes acciones en otros países europeos. Y eso supone un peligroso salto cualitativo, una escalada que nos obliga a tomar plena conciencia del elevado riesgo de este tipo de terrorismo y, en consecuencia, a asumir la acuciante necesidad de tomar, ya, medidas reales y efectivas. Ciertamente, el yihadismo tiene raíces históricas y geopolíticas profundas. Y hay que arrancarlas, pero lleva tiempo y no resuelve las urgencias actuales. El Estado Islámico es el gran foco de irradiación de terrorismo en Occidente, pero aún siendo necesario acabar con él ni siquiera su desaparición (objetivo inviable a corto plazo) erradicaría el problema. También deberíamos mirar hacia dentro y preguntarnos por el caldo de cultivo para que arraigue la cultura del odio y la muerte entre una parte, aunque sea minoritaria, de la comunidad musulmana. Pero incluso eso necesita tiempo. El riesgo de atentado era evidente antes y sigue siéndolo ahora. Lo perentorio es hacer todo lo necesario para evitarlo. Incluida la unidad, coordinación y colaboración eficaz de todas las instituciones, partidos y cuerpos de seguridad. Sin recelos, sin excusas.

Comentarios

Escalada