Unidad


Lo dijeron miles de ciudadanos congregados el viernes en la plaza de Catalunya: «No tenemos miedo». Porque juntos somos más fuertes y ninguna amenaza terrorista nos derrotará. Habrá mas atentados y habrá más víctimas, pero los terroristas nunca quebrarán nuestra unidad en defensa de los principios y valores que nos definen como sociedad abierta, plural y tolerante. En estos momentos de dolor, lo importante es reforzar todo aquello que nos une y aparcar lo que nos divide. Tantos años de sufrimiento de los embates del terrorismo nos han enseñado el valor de los lazos de solidaridad. Por eso duelen especialmente esas grietas por las que se filtran los ecos de un conflicto que nos divide en los últimos años. Palabras como las del consejero de Interior diferenciando entre catalanes y españoles son innecesarias, absurdas y solo generan malestar en estos trágicos días. Ya habrá tiempo para proseguir el debate político sin necesidad de añadir ahora sal a la herida.

No solo el dolor de las víctimas demanda unidad. También lo exige la gravedad del desafío yihadista, para evitar que por las rendijas de los recelos entre instituciones, partidos y fuerzas de seguridad se puedan colar los terroristas. La desunión dificulta la investigación y, sobre todo, la prevención. La amenaza de nuevos ataques sigue viva. Lo volverán a intentar. Y no se puede perder ni dispersar ningún esfuerzo en impedirlo. Pero la mejor manera de evitar atentados es que haya más yihadistas. Para ello, el camino más adecuado es conseguir la plena integración de la comunidad musulmana en la lucha contra la radicalización de los jóvenes, porque es la mejor manera de imposibilitar la labor de captación y de proselitismo de imanes como el de Ripoll. Y, evidentemente, la división social y política es un enorme hándicap en ese objetivo.

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