La actual filosofía política española


La filosofía política fue inventada por Platón y reinventada por Aristóteles desde el siglo V a. C. hasta el siglo V d. C. En ella se reflexionaba sobre el origen de las instituciones políticas, los conceptos usados para interpretar y organizar la vida política, como la justicia y la igualdad; la relación entre los objetivos de la ética y la naturaleza de la política, y sobre los méritos relativos de los diferentes tipos de regímenes. En este período sobresalen dos personajes: Sócrates, que conocemos a través del teatro de Aristófanes, de los escritos de Platón y, en menor escala, de los de Aristóteles, y Cicerón.

Sócrates fue el primer filósofo que se preocupó por la ética y por elevar el conocimiento. La idea de elevar el conocimiento lo hizo enfrentarse con las prácticas de la retórica y el juicio que animaba a las instituciones políticas de Atenas. Trataba de obtener el conocimiento político asentado en una ética que le conducía a una política en la que era necesario filosofar tanto sobre la virtud de la justicia, como sobre el coraje militar.

Sócrates utilizaba a la ironía de una manera enigmática y problemática para mostrar la incoherencia de bastantes definiciones y argumentos cotidianos. La empleaba para traer la verdad y el conocimiento, y por medio de ella, trataba de conducir al interlocutor hacia el conocimiento ético. Y decía cosas como que si una persona nunca había sido amada por otra, o correspondida en el amor ¿en verdad se podría decir que conocía el amor?

Una de las primeras personas que se dio cuenta del peligro que suponía la ironía en la política fue Cicerón en su De Oratore y De Inventione en donde se dice que Sócrates, el maestro de la ironía, era un participante activo en la vida política que se inventaba la distinción entre la verdad pura y el discurso comprometido político, lleno de persuasión. Además, Cicerón acusaba a Sócrates de filósofo contemplativo y de ser un hombre de ideas vacuas con una filosofía de teoría estrecha. Cicerón era partidario del discurso directo y por eso, la ironía desestabilizaba al discurso político que exige praxis, dinamismo y participación. De aquí que la ironía sería muy molesta para una política asentada y fija. La idea principal era hablar de forma eficaz, algo que ya se entendía en tiempos de Cicerón como un arte en sí mismo. Había que decir alejándose de los sofismas y empleando un lenguaje que no contuviese referencias transcendentales.

Cicerón redefinió a las virtudes y las romanizó, entendiéndolas como dependientes del oficio a realizar, es decir, las obligaciones que adquiría el individuo al ser padre, vecino o cónsul. De aquí que algunas virtudes tratarían del individuo como persona sujeta a las leyes naturales, y otras lo harían con la persona en su función específica y dentro de las costumbres de la ciudad en la que viviese.

En el discurso político español actual se nos está tratando de persuadir hasta filosóficamente, eso sí, con grandes sofismas que faltan a la verdad, de bastantes cosas. Entre ellas del derecho a decidir de unos pocos sobre todos los demás españoles. Además, se nos está insinuando de forma subliminal que no es necesario ganar las elecciones para gobernar el país, si se suman todos en contra del ganador, algo que nunca sería capaz de decir ni el mismo Cicerón, y que ironizaría hasta la destrucción de la idea, el mejor buscador de la reflexión filosófica de la antigua Atenas, es decir, Sócrates.

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