El fenómeno del terrorismo utiliza las enormes ventajas que le ofrece la sociedad abierta de los países avanzados. La supresión de controles fronterizos facilita el tráfico de personas y mercancías que ellos aprovechan para sus fines criminales, realizando ataques a la sociedad que los acoge. Así castigan a ciudadanos inocentes para lograr los objetivos señalados por sus jefes. Estos atentados obedecen a planes organizados para dañar a la parte enemiga más débil y más rentable: la sociedad civil.
El EI ya lo avisó al ver que perdía terreno en la guerra de Irak y Siria. Anunciaron que continuarían con la lucha por otros medios con atentados a la retaguardia europea y que se retirarían al desierto para reorganizarse. Eso es lo que están haciendo: buscan objetivos que tengan mucha repercusión en los medios y les aumenta la moral. Por eso les ha faltado tiempo a reconocer su autoría en el atentado de Barcelona. Eligieron una ciudad turística con gente de todo el mundo, viviendo unas circunstancias política críticas, lo mismo que en el 11-M de Madrid, en vísperas de elecciones en el 2004.
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