Cataluña. La conjura de los cínicos


Es mortificante ser borrado del campo de atención, pasar de la fantasía a la realidad. El sábado último, en Barcelona, lo real fue el dolor colectivo, que ocupó el territorio y atrajo las miradas del mundo. Pero como la fantasía de las esteladas no era el objeto de atención, sino el homenaje a las víctimas del terror islámico y a quienes desde el pueblo llano y para el pueblo apolítico sacudido ayudaron, los hirsutos fundamentalistas catalanes reventarían de no aprovechar el campo y la visión de esos ojos del mundo para registrar su marca xenófoba-identitaria, desvelándose así sus propias carencias de identidad psicológica, ahogados en atávicas creencias pseudo religiosas sobre la tierra, de modo en nada diferente a los patriotas españoles.

Desde estas coordenadas de horror y antropología primitiva, quienes gritaron a los dos representantes primeros del Estado, imputándoles culpa por los atentados de Cataluña, actuaron cínicamente, conjurados. Pero esta escenografía patética, que se puede observar también como un desprecio a los dieciséis cadáveres, es bastante insulsa. De más peso es el cinismo del presidente Carles Puigdemont (el Títere), quien declaró a un medio anglosajón que el responsable primario de los atentados era Madrid, por no permitir aumentar la plantilla de los Mossos d’Esquadra. O sea, que cuando una juez comarcal, que no debió de emplear ni el noventa por ciento de su cociente intelectual preguntó a los mossos que investigaron (¡?) la explosión de las bombonas de Alcanar si no habría sido un accidente de una célula terrorista, le respondieron «no exagere, señoría», el responsable era el Gobierno español. O sea, que cuando el número dos de los servicios de información de los mossos fue avisado por sus colegas belgas de que el imán de Ripoll era un tipo de cuidado, y hace de esto más de año y medio, la culpa es del Gobierno español.

Abundar en la ruin instrumentalización de la matanza de Barcelona y Cambrils es vacuo. Y lo es porque los radicales son conscientes de que las cosas no serán ya igual, y la salida que se les abre es solo la de la tergiversación y el alboroto, para confundir a cuantos más puedan de cara a octubre. Curiosamente, Mariano Rajoy (el Nimio), que tan mal llevó el proceso catalán, supo, con o sin ayuda, no desmantelarse, y ofreció, aguantando la conjura de los cínicos, una imagen de unidad y solidaridad con los catalanes. 1-0 a su favor.

Estos últimos once días supusieron una sucesión de imágenes en papel secante, que las desdibujaron rápidamente, y apareció en su lugar la perturbadora verdad: sermones de curas inquisitoriales inventores de pecados para castigar a quienes no sigan el catecismo que más les rinda, bien el fascista, bien el bolchevique, que son las puntas del arco parlamentario de los hirsutos fundamentalistas, que tratan de mover Cataluña retorciendo la palanca de la falsedad.

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