Empeoras tu trabajo si abusas del de otra gente

OPINIÓN

28 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Casi me atropella el otro día un señor a la entrada de un súper -da lo mismo cuál, de los baratos-. Él estaba haciendo una salida triunfante después de haber montado un pequeño número y no la quiso chafar al final preocupándose «como un pringao» a ver si se chocaba con alguien. Vamos que me emburrió. Sólo alcancé a fijarme luego en un trasero petulante camino del parking.

No supe exactamente la razón del pollo. Parecía el típico que alguien arma cuando descubre que las cajeras no van equipadas con velocidad supersónica ni gachetobrazos. Una bronca «normal» para no quedar «como un idiota» delante de probablemente nadie que no tenga más que hacer que fijarse en ti. Me hizo pensar en la frecuencia con que volcamos nuestra ira sobre quien nos atiende; gente que no puede sugerirnos con la misma amabilidad dónde ir a pasar las vacaciones.

En algún momento nos creímos más de la cuenta eso de «Yo lo valgo» y «El cliente siempre tiene razón». Pues no es cierto. No tenemos siempre la razón en nuestro espacio cuanto menos en uno ajeno. Y desde luego en ningún espacio ni contexto valemos más que nadie.