Enero y agosto: dos meses malditos


La economía española tiene dos meses malditos: enero y agosto. En ambos, ya sea por los rigores del crudo invierno, ya sea por los calores estivales, se constipa el empleo. Son dos meses aciagos, de intensa destrucción de puestos de trabajo. Expiran decenas de miles de contratos, incubados al calor de la campaña de Navidad y las vacaciones de verano, y relevistas y temporeros regresan a la cola del paro. La tónica se repite desde comienzos de siglo, invariablemente, tanto durante las crisis como en tiempos de bonanza.

Enero y agosto del año en curso confirman esa constante: en esos dos meses perdió la Seguridad Social 354.365 afiliados. Y qué, me dirá el optimista, también el año pasado sucedió algo parecido: en los dos meses de marras perdimos 349.040 cotizantes y a fin de curso, sin embargo, había más de medio millón de nuevos empleos. El año, afortunadamente, tiene cuatro estaciones y doce meses. Y en la primavera suelen florecer los campos y el empleo.

La objeción es atinada, pero omite una alarmante singularidad en lo que va de año. Íbamos en moto y, de repente, se ha gripado el motor. Enero del 2017 fue el mejor enero desde el año 2007. Se destruyeron ese mes cerca de 175.000 empleos: menos que en cualquier enero de los últimos diez años. Agosto del 2017 fue el peor agosto desde el año 2008. Se destruyeron el mes pasado unos 179.500 empleos: más que en cualquier agosto de la última década. Nunca, desde que estalló la crisis, vivimos un enero tan bueno ni un agosto tan malo. Deberíamos preocuparnos por ese ruido del motor.

Sé perfectamente que un par de datos mensuales no son suficientes para certificar un cambio de tendencia. Pero hay algún indicio más. Entre enero y mayo se crearon 38.000 empleos más que en el mismo período del año pasado. Íbamos en moto, ya lo dije, pero el vehículo perdió fuerza al entrar en el sexto mes. En el trimestre junio-julio-agosto del 2016 se crearon 38.000 empleos netos; en el mismo período del 2017 se destruyeron 35.500 empleos. A este paso parece inalcanzable el registro del año pasado, un ejercicio en que la economía y el empleo funcionaban pese -o gracias- a que el Gobierno estaba en funciones.

Enero y agosto, además de meses malditos, son también la expresión de un modelo económico basado en la estacionalidad -turismo de sol y playa-, la temporalidad laboral y el salario precario. El empleo español viaja en una gigantesca montaña rusa que alcanza su altura máxima cuando las familias realizan las compras de Navidad o rebuscan en las rebajas, los turistas atiborran los restaurantes y muchos parados encuentran alivio momentáneo en las sustituciones. Y cae en picado cuando el turista se va, el profesor del colegio concertado remata el curso y su contrato, y el ATS titular vuelve a su puesto. Solo en un día, el pasado 31 de agosto, se registraron 313.141 bajas en la Seguridad Social. Así pues, si queremos evitar los vaivenes y conseguir empleo fijo y estable, solo nos queda cambiar el modelo. O arrancar del calendario las hojas de los meses malditos.

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