Munches veces, patria mía

OPINIÓN

09 sep 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Exterior. Sonido de helicóptero. Toda la zona acordonada por la policía, la llegada de la vuelta ciclista será en unas horas. Hoy es el Día de Asturies, pero todas las banderas por el Paseo del Muro de Xixón --pequeños puestos improvisados de venta, balcones--  son de España. Incluso a una, que por generación y posicionamiento le cuesta entenderse con los trozos de tela que nombran territorios, le molesta que hoy haya tanta bandera del estado español y apenas la azul y amarilla que acota una tierra que sí me nombra.

Paso a preguntarme: ¿puedo escribir país y que se entienda que hablo consciente y certeramente de Asturies? ¿Qué espacio tiene una, desde un posicionamiento feminista, para relacionarse con la identidad del territorio? ¿Qué bondades aporta frente a los conflictos de estar en la frontera del canon (ser mujer, ser migrante, ser gitana, tener diversidad funcional, ser precaria…) el sentimiento de pertenencia, la patria, la bandera? 

Acudo a Nancy Fraser y su último libro, «Fortunas del feminismo»: «Las luchas por un mundo en globalización no pueden prosperar a no ser que vayan de la mano de las luchas por la democracia metapolítica». Acotar el espacio no tiene por qué garantizarnos la representación, no tiene por qué garantizarnos la justicia social. Y sin embargo, una confía en que sean más garantes de derechos estructuras menores para dar con ello.