El memorable discurso de Coscubiela

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Ciudadanos, PP y PSC aplauden en pie a Coscubiela «No quiero que mi hijo viva en un país en el que una mayoría pueda tapar los derechos de quienes no piensan como ellos», dice el portavoz de Sí Que Es Pot

Hubo, en medio de las 48 horas en las que el Parlament debatió si arrojarse al precipicio de un solo salto o con un doble mortal, un momento glorioso, memorable, digno de ser enmarcado y colgado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Se produjo cuando los diputados de Ciudadanos, el PSC y el PP se pusieron en pie y aplaudieron entusiasmados el discurso de Joan Coscubiela, portavoz de Catalunya Sí Que es Pot.

En primera fila, los rostros desencajados de Puigdemont y Junqueras, a los que Coscubiela había borrado con sus palabras esa sonrisilla de superioridad moral con la que habían asistido al resto del plenario, demostraban que el veterano diputado, forjado en las trincheras del PSUC, Comisiones Obreras e Iniciativa per Catalunya Verds, había dado en el clavo con una frase demoledora, tan bella como épica:

-Estoy aquí porque mis padres me enseñaron a luchar por mis derechos. No quiero que mi hijo Daniel viva en un país donde la mayoría pueda tapar los derechos de los que no piensan como ella.

Ciudadanos, PP y PSC lo ovacionaron sin fisuras, mientras que su propio grupo se escindía una vez más: Lluís Rabell y alguna otra compañera de filas se ponían en pie para aplaudirle, mientras que Dante Fachin -uno no puede apellidarse Fachin impunemente- permanecía sentado en silencio. Creo que hasta algún diputado de Junts Pel Sí tuvo que agarrarse al escaño para que sus manos, poseídas por la emoción del instante, no se pusiesen a dar palmas.

Coscubiela encarnó de forma icónica lo que la oposición a la mayoría secesionista ha escenificado estos días: una lucha heroica, con escasos medios y una entrega irrenunciable, por defender sus derechos -que son los de los ciudadanos- y la legalidad frente a un Govern decidido a pulsar el botón de autodestrucción a cualquier precio, con un Puigdemont dispuesto incluso a cargarse el Estatuto de autonomía y las instituciones democráticas de Cataluña. Algún día habrá que reconocer la hazaña de estos diputados, muchos de ellos anónimos, que se han convertido en auténticos héroes civiles, miembros de una resistencia pacífica y laboriosa que planta cara a los burdos intentos del secesionismo de aplastar sus derechos y acallar sus voces.

Coscubiela, al que por supuesto las tropas tuiteras al servicio del régimen comenzaron de inmediato a llamar «facha» -a este paso, si a uno no le llaman «facha» va a haber que empezar a preocuparse-, desmontó párrafo a párrafo el texto de la pomposa, pero vacua, Ley de Transitoriedad Jurídica y fundacional de la República, desvelando que se trata de papel mojado porque sencillamente es inaplicable. Para ello, recordó que, a la pregunta de cómo iba a controlar la Generalitat el espacio aéreo del hipotético Estado catalán, el indómito diputado de ERC Gabriel Rufián había respondido con un clarificador: «No lo sé». Y con esa letanía sobre el atril, «no lo sé, Rufián», Coscubiela, un izquierdista coherente y partidario de un referendo de autodeterminación legal y con garantías, fulminó las mentiras de Junts Pel Sí.

Si uno quiere saber qué es la democracia tiene que leer El federalista y escuchar el discurso prodigioso y nocturno de Coscubiela.

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