Ser feminista en un partido político


Hay veces en las que me gustaría no llevar puestas mis gafas violeta, que me obligan a verlo todo bajo la luz del feminismo. Esas gafas me hacen más consciente, más sabia, me permiten ver una parte de la vida y del mundo por lo general invisible para muchas personas, pero al mismo tiempo me obligan a ver incluso cuando querría descansar; descansar de ver, descansar de saber. Ser permanentemente consciente es agotador, y en política es aún peor, porque si hay un ámbito en el que parece imprescindible introducir el feminismo este es el de la política.

Espero que algún día se nos abra la oportunidad de poder quitarnos esas «gafas». Se nos brinda la oportunidad de sentirnos cómodas en un partido donde los compañeros y las compañeras puedan ser amigos/as o compañeros/as de vida.

No quiero más barreras que nos impidan comunicarnos y caminar en la misma dirección, porque es doloroso sentir esa barrera, es agotador dedicar el tiempo y el esfuerzo a tratar de hacerla permeable, a tratar de que la visión del mundo que tengo, una visión feminista, sea incorporada a cualquier actividad política.

Es el momento de que las políticas que se piensan, deciden o aplican los partidos, tengan en cuenta que hombres y mujeres no estamos en el mismo lugar del mundo y que, o se contempla esto o toda política que se proponga y se aplique será injusta, cuando no ahonde incluso en la desigualdad.

Y lo digo ahora, porque no quiero dejar de ser una mujer combativa y lúcida para ser esa feminista pesada. No quiero tener que callarme, ni avergonzarme...

Charlas, presentaciones, listas, entrevistas, fotos… En todas partes tiene que haber mujeres. Nada se puede hacer ya en política si no hay mujeres. Hemos conseguido poner mujeres en casi todas partes. Ahora quizá tengamos que comenzar a pensar que no siempre ellos tienen que ser los hablan, los que salen en la foto, los que mandan. Así, ellos se hacen los dueños, se empoderan en la organización, se hacen conocidos, se labran una carrera.

Quiero que llegue el día en que pueda quitarme las «gafas moradas» y ver que la autoridad feminista no es permanentemente negada, fragilizada y cuestionada. Que cuestionar el feminismo pase factura en un partido y ser feminista todo el tiempo no.

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