La indefinición permanente de Sánchez


Un político no puede ser un folio en blanco. El PSOE, con algunos votos abstencionistas o dudosos en sus filas, dio ayer por la tarde en el Congreso un paso atrás de la mano de la indefinición permanente de Pedro Sánchez. El PSOE o está o no está, cuando se trata de un asunto de Estado como el referendo ilegal y la deriva secesionista en Cataluña. No valen las medias tintas. Ni las estrategias que no entienden a veces ni diputados ni dirigentes de su partido. Los socialistas no pueden coquetear con todo pensando en cambalaches electorales de futuro. Es demasiado lo que está en juego. Si se está de acuerdo con defender la legalidad hay que apoyarla hasta las últimas consecuencias. No se puede votar en contra de una propuesta de Ciudadanos por matices, porque la sensación que se transmite a la gente de la calle es que hay fisuras entre los que defienden que esta mascarada tiene los delitos contados. Un pacto de Estado no es papel de fumar. El PSOE siempre destacó por estar en los grandes momentos. Sánchez huye con su mano centrada de todo lo que viene de Ciudadanos, porque lo entiende envenenado, y, lo que es peor, coquetea con su mano izquierda con según qué sectores de Podemos. Así es imposible que se defina un partido histórico. Esas dudas, esos temores, ya les llevaron a una guerra fratricida que terminó con la resurrección de Sánchez. Pero un político, incluso uno resucitado, tiene que tomar decisiones claras y tajantes, sobre todo cuando se está viviendo una tensión insoportable en todo el país. El miedo es el peor consejero para convertirse en un líder. Miedo por un lado a Rivera, miedo por el otro a Iglesias. Hoy voto con Podemos. Mañana me reúno con Rajoy. Sánchez no tiene rumbo para un PSOE clave.

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