Ha llegado el fin


Empiezo a escribir esta última crónica sumido en el cansancio de tantos días tomándole el pulso a San Mateo: el último de la fiesta y el primero en contarlo. Ahora toca recoger el cuerpo y el alma, pasar la fregona y airear la cabeza. El domingo me doy de baja, uno necesita recuperar la normalidad y volver al tedio y al amparo de la rutina. Hemos disfrutado, reído, nos hemos querido en estas fiestas, en ocasiones tan denostadas por los ovetenses, pero a las que amamos.

La ciudad señorial se volcó a la calle este último sábado mateín, bien temprano, con el sol ganando la partida. Muchos ya no volverían  a sus casas hasta la madrugada. SM se vive en la calle, en los bares, donde uno quiera; pero siempre fuera de casa. Quedó claro que el mojito y la cerveza  son los reyes de esta fiesta; y el bocata se impone frente a las demás alternativas. El botellón, que tantas quejas ha despertado, es consustancial a la fiesta: imposible de paliar.

Como último día de fiesta me entregué por completo. La marea humana que atravesaba Uría desembocaba en los chiringuitos. Se hacía difícil moverse y pedir, pero tras tantos días uno ya tiene experiencia y se sabe los trucos y recovecos. San Mateo es Oviedo hasta los topes, la gente en la calle con vaso y bocata en las manos, música por todos lados. San Mateo es hacer un sábado rutina, borrar el calendario durante diez días. San Mateo es un grupo de amigos solucionando su mundo, es una pareja abrazada mientras escucha un concierto, son esos niños de la mano de sus padres en el San Francisco, los abuelos sentados al sol en un banco de la Escandalera, es la lluvia que no agua la fiesta. San Mateo es nuestro y de todos.

Nada es eterno, esto se acaba: ha llegado el fin. La resaca de lo vivido nos acompañará durante un tiempo, lo justo. Para cuando queramos darnos cuenta el verano ya agonizará de nuevo y SM estará asomando por la puerta.

Sábado y me bajo de este barco, ruego me disculpen. El domingo yo no voy a estar.

Comentarios

Ha llegado el fin